La fobia preferida

La fobia preferida

Octubre 18, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. En Chile: todas las emociones. La sexta parte del mundo, más de mil millones de televidentes, estuvieron pendientes del rescate de 33 mineros del fondo de una mina en Chile. Esto muestra que nuestro género sigue siendo humano y que, en ciertas circunstancias, deja aflorar su más sentida emocionalidad. No eran, pues, ojos mirando parir mineros desde una cápsula. Eran corazones y almas identificadas con otros corazones y almas anhelantes: sufriendo primero y luego gozando. Ya se sabe que disponemos de razón y voluntad en tan sólo un 6% y que el 94% restante estamos a merced de nuestras emociones inconscientes: amor (afecto, ternura), odio (ira, agresividad), alegría, tristeza y miedo. Eso somos, en últimas. En este caso, la universal intensidad emocional superó la generada por cualquier otro espectáculo en nuestra historia.2. Claustrofobia. Los cientos de millones que experimentan (experimentamos) algún nivel de claustrofobia no podemos entender con facilidad cómo puede sobrevivir una mente acuosa como la humana a un repentino entierro en vida. Se vivió el mundo de los 7: 17 días iniciales, sin contacto externo, 77 días en total, 700 metros de profundidad. Cierto que se trata de mineros casi genéticos para quienes resulta tan familiar la oscuridad de los socavones como el brillo solar. Pero, de todos modos... Y renacieron del interior de la tierra en un segundo parto existencial. De hecho se sabe que un nacimiento normal implica un trauma: imaginemos lo que significa uno más en plena edad adulta.Me quito el sombrero, pues, ante quienes pudieron tolerar la mayor angustia que puede experimentar un ser humano, esto es, ser simbólicamente reabsorbido por el vientre materno, o sea, entrar en el peligro de la psicosis. La expresión más aguda y profunda de la claustrofobia surge, precisamente, del temor a reingresar al antro asfixiante de la madre. El genio literario de Edgar Allan Poe (con su complejo mundo interior) describe con frecuencia los encierros, entierros de vivos, muertos entre paredes, como algunas de las más dramáticas expresiones de terror humano. Con su hermosa y genial literatura, Poe procura sublimar profundos miedos existenciales especialmente referidos al encierro irreversible del enterramiento y de la muerte. 3. Fobias y complejos que renacen. Una obra especializada describe más de 300 clases de fobias y de ellas la más común y universal parece ser la claustrofobia: a los aviones, ascensores, cuartos cerrados y oscuros, cárceles, túneles, minas, secuestros, entierros, infiernos, en fin: miedo y hasta pánico, a veces obsesivo, al dominio incontrolable de cuatro paredes de cualquier naturaleza. Eso puede explicar la ansiosa solidaridad compasiva del mundo entero con los rescatados. 4. Infierno-cielo. La mina fue el infierno y el cielo, un nuevo aire a la luz del sol. Para Chile, la tragedia fue compensada con una promoción universal de su refinado desarrollo y de una calidad humana de la cual fue trasunto un afectuoso presidente con muchos quilates encima. Todos los costos serán compensados con grandes beneficios para una nación que apenas despertaba de su reciente atroz terremoto.

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