La felicidad, ja, ja, ja, ja.

La felicidad, ja, ja, ja, ja.

Julio 25, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. ¿Felices x cien… pre? Venga un paréntesis refrescante en medio de todas nuestras actuales incertidumbres. Según encuesta del domingo, casi el 100% de los caleños es feliz. Esta noticia es toda una felicidad, así estos sondeos no sean perfectos. ¿A qué se debe ese tono alegre de Cali? Recuerdo a Pedro Alfonso: “Más vale felicidad pequeña que una casa llena de oro y plata”. Balzac decía que la felicidad está donde se la pone. Aquí la gente pone la felicidad en el clima, en el paisaje, en la vegetación, en un pandebono caliente, un champús frío o un chontaduro al clima. Dostoievski descubrió que “el hombre es desdichado porque no sabe que es dichoso; el que se da cuenta inmediatamente, es feliz”. Erasmo y Eurípides coinciden en que la felicidad consiste en la conformidad con lo que somos y en querer ser sólo lo que se es, en estar contento con la propia suerte. Fontenelle nos enseña que la felicidad está en nosotros sin que nadie nos la ponga. Por eso “el que se cree feliz es el único feliz”. Y para ello no se necesitan grandes golpes de fortuna, que ocurren raras veces, sino pequeñas cosas que ocurren todos los días, según Benjamin Franklyn y son gratis, por ejemplo la brisa, por ejemplo el sol, por ejemplo el agua de los ríos, por ejemplo el paisaje y la vegetación. Dice la encuesta que a los caleños los caracteriza el buen gozo y para ello les basta mover los cuerpos al ritmo pachanguero de la salsa, dándole giros acrobáticos a esas caleñas que son como las flores. Pero, además, a los caleños los hace feliz el buen trabajo, sentirse útiles y productivos para otros y ser afectuosos, como recomendaba Amiel: “Te hace feliz el poder hacer feliz a alguien más”, o Goethe: “Ver gente feliz nos hace felices” y eso, en Cali, por fortuna, parece enfermedad contagiosa.2. Contrastes. En países donde se te da todo desde la cuna hasta la tumba, como en los países nórdicos, hay una alta cuota de suicidios. Lo envidiable de otros se desmorona con el viejo cuento en el que le preguntan a un rico suizo qué prefiere entre la Navidad y hacer el amor y él responde: “Tal vez la Navidad por lo más frecuente”. Pregúntele a un caleño. La explicación de la felicidad de nuestra gente en medio de tantas dificultades la dieron Beethoven, Boecio, Boileau, Cervantes, Crane y Schopenhauer, entre muchos: cada uno es artífice de su ventura, “la felicidad no depende de lo que nos rodea sino de nosotros mismos”, la felicidad no viene de afuera sino que te la creas tú mismo dentro de ti. Spurgeon lo supo bien: “La felicidad no depende de lo que poseemos sino de lo que disfrutamos”. Gorki también es claro: “El hombre será tanto más dichoso cuanto menos necesite: muchos deseos y ambiciones acaban con la libertad y la felicidad. Séneca supo que es feliz el que nada tiene y nada desea tener. Unamuno define la felicidad como algo que se vive y se siente, no algo que se razona o de lo que se tiene una definición: “Para la felicidad, no pensarla, sólo sentirla”. No es asunto de tener sino de ser : “Sólo somos felices en el mundo cuando nos olvidamos del mundo” (Anatole France). Por todo esto, la característica de los caleños ha sido, es y será la alegría, esa que se contagia. La felicidad, ja, ja,ja, ja.

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