La ‘D’ del diablo

La ‘D’ del diablo

Septiembre 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. ‘D’ de demolición. Herodes Agripa: casas marcadas para eliminar los niños. Un niño podría llegar a ser el Rey o el mismo Dios. Faraones: con los cristianos marcados. Hitler: señaladas las casas de los judíos. Debían ir a los campos de concentración o a la hoguera. Maduro, ‘el grande’: ordenó marcar con una ‘D’ las casas para “Demolición”. En ellas habría incluso infantes paramilitares. La ‘D’ del diablo. Pero el infierno lo tuvieron que vivir humildes colombianos expulsados del vecino país. Expulsados de toda vida: con hambre, sin techo, sin educación, sin esperanza alguna. Una especie de culto demoníaco al odio y a la irracionalidad. El gobierno veneco denominó con el nombre de derecho a lo que es simplemente un crimen: el peor crimen contra los derechos humanos más elementales.Bien han reaccionado nuestros expresidentes (salvo nuestro adorable Samper). Y han reaccionado jefes de Estado y de organizaciones internacionales. Ahora incluyen la torpe condena a Leopoldo López: Maduro mató lo poco que quedaba de democracia veneca. Donde no hubo una ‘D’ hubo una ‘R’ de reubicación o revisión. Bajo los escombros del barrio ‘La invasión’ Maduro dijo haber encontrado multitud de paramilitares. Sigue cerrando pases fronterizos porque encontró paramilitares cuyas armas son unos cuantos catres cojos, unas ollas quemadas, unas ropas raídas, unos electrodomésticos temblorosos. Y mucha hambre, mucho dolor, mucha miseria.Los boinas rojas (como se llama a la Guardia Nacional) tuvieron buen cuidado de separar las familias. Los adultos eran paramilitares. Y de los niños, ¡líbrenos Dios!, engendros de paracos.2. ‘D’ de deportados. No es fácil administrar la paranoia. El ‘presidente’ Maduro ha sentido la necesidad de deportar colombianos. Ya van miles que nos duelen en las entrañas soberanas. Más los autodeportados que huyen del miedo y la persecución. Muchos colombianos tienen a Venezuela como segunda patria. Pero Maduro los tiene encarcelados con su delirio persecutorio. Expresa que hay cinco millones y medio de nacionales. ¿Para qué lo dice?: para tratar de censarlos e intimidarlos: o respaldan la revolución bolivariana o no volverán a probar bocado, ni a estudiar, ni a trabajar. Ciudadanos de quinta.El tirano no calcula que puede estar forjando un inmenso Caballo de Troya.3. ¿A qué juega Maduro? Venezuela está interiormente destruida (autodestruida). Las elecciones de diciembre serían el comienzo del fin de la tiranía. Ante la inseguridad, la escasez y el desabastecimiento, la hiperinflación, la devaluación, la carestía, la ruina estatal, la agonía de la industria y del comercio, el desprestigio nacional e internacional, sólo quedaba un arma política. Exacerbar un nacionalismo barato y anticolombiano. Para ello ha convocado al populismo que aún queda de la ‘revolución del Siglo XXI’: a las calles, a los gritos, a los insultos, a lo bruto.Como no hay pan para el pueblo, que haya circo. Algo le queda de Chávez: al menos un pajarito.4. ¿Y nosotros? Unidos todos los colombianos. Y a recurrir a todas las instancias diplomáticas e internacionales: la OEA, la Cidh, la ONU, aún la CPI. Y el mundo civilizado. Alguien en el universo tiene que someter a este aliado de las Farc. Y, al interior, la democracia electoral venezolana en diciembre deberá salir del tiranosaurio y de su descabellado Diosdado.

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