Je ne suis pas Charlie

Febrero 04, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Culturas y religiones. Imposible uniformar al mundo. Cuando muchachos nos decían: “Fuera de la religión católica no hay salvación. Pero si alguien está de buena fe en otro credo puede salvarse. Pero no está de buena fe en ninguna creencia quien ha oído de la religión católica”. Ese discurso pasó, por fortuna. Y este otro: “Dios te ve”. Nos criaron entre la culpa y el miedo: los dos sentimientos más paralizantes del mundo. Pasamos el resto de la vida tratando de saltar esas vallas. Pero no por ello podemos poner a pelear a Dios con Alá (Allah), a Jesús con Mahoma o a la Biblia con el Corán.2. Y la libre expresión. Si nos insultan a nuestros seres adorandos y venerandos nos molestamos, pero no por ello matamos. (No lo hacemos hoy, si bien lo hicimos, con todo horror, durante la Inquisición y las Cruzadas, por ejemplo). Los musulmanes tampoco deberían matar por ofensas a sus figuras sagradas. Lo hacen sólo los fundamentalistas: ellos toman muy en serio eso de “perseguir a los infieles”, eso del ojo por ojo, diente por diente. Son bárbaros como lo son los fanáticos de todos los pelambres. Para ellos no hay límites si se trata de defender a su maestro, al profeta de Alá, Mahoma. Para tales extremistas no hay libertad de expresión que valga. Por eso llegaron al límite salvaje contra el semanario satírico Charlie Hebdo en París. Contra tal degradación se vivió la reacción ‘occidental’, acompañada de muchos ‘orientales’ moderados. Y la exaltación casi universal a la defensa de la libre expresión.3. Ni Dios ni Mahoma matan. Pero la llamada libre expresión debe tener límites. Una cosa es satirizar los extremismos, los fanatismos, los excesos de ilusorios ‘estados islámicos’, por ejemplo, pero algo muy diferentes es atacar a Mahoma, el iluminado de El Corán, aquél a quien inspiraron las visiones del propio Arcángel San Gabriel (el Anunciador de María), el fundador en el Siglo VII de un sistema religioso, social y político que hoy supera los 1.500 millones de seguidores. Una fe que no tiene intermediarios entre Alá (su Dios) y la gente del común. Ni el Corán ni Mahoma mandan a matar a nadie. Ellos reconocen su origen en el mismo Abraham, Moisés, Isaías y Jesús. Origen de amor y de bondad. No hay que olvidar esta prédica de Mahoma en El Corán: “El destino del hombre: trabajar, orar, ayunar, ayudar, obrar bien y esperar la muerte”.4. No soy Charlie. No soy Charlie Hebdo en tal sentido. Son agresiones también salvajes contra el respeto debido. Una cosa es el uso del derecho (jus utendi) y otra el abuso del derecho (jus abutendi). La libre expresión (la libertad) no es absoluta. Injuriar, calumniar es, además, algo inútil porque nada positivo obtiene. No se puede poner en cabeza de figuras sacras los males de la humanidad. Su última edición atentó contra Jesucristo desde su nacimiento (‘la verdadera historia del Niño Jesús’) hasta su crucifixión (¡qué brutalidad!). Y contra el papa Francisco, entre otros. No hay que matarlos por esas sandeces, pero sí exigirles que respeten, que no exploten el morbo en 7.000.000 de ejemplares (lo usual eran 60.000) en nombre de libertades libertinas, desestabilizadoras de numerosos estados. Si lo que desean es sembrar anarquía lo han logrado. Y si desean que se levante medio mundo herido, también. ¿Es eso Charlie? ¿Es eso libertad de expresión?

VER COMENTARIOS
Columnistas