Humberto González Narváez

Abril 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

Era 1967. Luego de terminar Derecho y Economía en la Javeriana hacía yo un máster en Economía en Los Andes. Fui nombrado para ‘fundar’ la Secretaría de Planeación del Valle. Era el gobernador saliente, un joven de 38 años, Humberto González Narváez. Con él tuve mi primer desencuentro: tuvimos que desmontar un Comité Asesor de Planeación creado por él. No se podía mezclar lo público con lo privado. Poco después Rodrigo Lloreda y yo hicimos alianza con Humberto para reorganizar el partido. Se trataba de cambiar lo viejo y a los viejos. Eso se logró. Integramos un Directorio Departamental realmente ‘poderoso’, lleno de optimistas ilusiones. Año 70. El gobernador Marino Renjifo solicitó una terna para designar Alcalde de Cali conservador. Los nombres obvios: Donald R. Tafur, por el humbertismo, este servidor por el lloredismo y Carlos Holguín Sardi, por sí mismo. Lloreda me propuso declinar mi aspiración. Yo iría a la Cámara de Representantes. Decidimos apoyar el nombre de Holguín porque ‘el enemigo peligroso’ era el humbertismo. De allí Carlos Holguín configuró su movimiento político propio. 80. Humberto era mago en los tejemanejes políticos. Señorial, astuto, indescifrable. Pese a ser aliados, nunca supimos qué pensaba, qué planeaba, qué calculaba. Se fueron consolidando tres grupos: lloredismo, holguinismo, humbertismo. Hubo un inicio de lloredo-humbertismo. Nos alejamos de Humberto y se conformó el Humberto-holguinismo. Con los meses Holguín también se desesperó con Humberto: el indescifrable. Tuvimos cercanías con Holguín por afinidades electivas: Lloreda y Holguín eran francos y frenteros. Pero eso mismo los fue alejando. Llegó un momento en el que no se toleraban uno al otro. Intenté varias veces convencer a Lloreda y a Holguín de unir sus movimientos. Siempre creí que conformarían la organización política mayor y mejor del país. Jamás se superaron sus enfrentadas aspiraciones presidenciales y sus antipatías personales. 90. Entretanto, Lloreda, Holguín y Humberto fueron gobernadores dos veces, fueron ministros, fueron jefes nacionales del conservatismo. Humberto, además, fue embajador. Lloreda llegó a Designado y a candidato presidencial. Ascendieron pero siempre abiertos. El meridiano conservador pasaba entonces por el Valle. Pero ello ocurría en medio de agudas pugnas internas. El Directorio Conservador manejaba las riendas del poder pero era, a un tiempo, un ring de contrincantes y contradicciones. Realmente lamentable. 2000. Ante tales divisiones, el conservatismo comenzó a declinar. Lloreda se fue alejando y falleció tempranamente. Holguín se instaló en Bogotá. A Humberto se le desarticularon sus cuadros. Del lloredismo, con el tiempo, se fue consolidando Ubeimar Delgado, quien es considerado, por muchos, hoy, ‘el dueño’ del partido en el Valle (conservatismo-lloredismo-delgadismo). Germán Villegas Villegas con su inmensa habilidad, se fue quedando con el conservatismo de opinión, hasta hace muy poco. Humberto se alejó, se enfermó y acaba de morir. 2016. Con Humberto termina mucha historia del Valle del Cauca y del partido conservador. Fue un caballero de la política, un estratega, un humanista, un orador y el mejor ‘puebleador’ del partido. El conservatismo y la región le deben merecidos reconocimiento y homenaje.

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