¿Es verdad la verdad?

¿Es verdad la verdad?

Diciembre 05, 2017 - 11:35 p.m. Por: Carlos Mejía Gómez

Verdad. El desarrollo de un proceso de paz consiste en alcanzar la Verdad, la Justicia, la reparación y la no repetición. Se dice que, para ello, debemos implementar una justicia especial: una transición entre la guerra y la paz.

Empecemos por la Verdad. Todos los pensadores coinciden en que no existe una verdad absoluta fuera del mismo Dios. Lo demás son verdades parciales, subjetivas, interesadas.

La Comisión de la Verdad quedó en las buenas manos del padre Francisco de Roux. Él tiene la virtud de estar aquí en la tierra y tener contacto con el cielo. Walt Whitman, poeta inmenso, nos dijo: “Todas las cosas y personas tienen ‘su’ verdad”.

Papini fue más drástico: “Para saber qué es la verdad es necesario morir”. Plinio ‘El Viejo’ sentenció que “Lo único cierto es que no hay nada cierto”. Shakespeare poco creyó en los que decían saber la verdad: “Decid la verdad y avergonzaréis al diablo”.

¿Dónde vamos a encontrar la verdad que, pretenciosamente, imaginamos? ¿Nos dirán la verdad las Farc y los demás victimarios? ¿No será, acaso, que la mantendrán escondida en el fondo de su conciencia y de su alma? ¿Qué suele ocurrir?: yo no lo hice y si lo hice fue por haber sido provocado por el enemigo. Los malos son siempre los otros. ¿Será, acaso, igual la verdad del padre De Roux que la verdad de Alfredo Molano, de ‘Timochenko’ o de ‘Iván Márquez’? ¿En alguna cárcel alguien se declarará culpable?

Justicia. El Acuerdo de Paz no cree en la justicia ordinaria. Es bastante usual que se pacten justicias transicionales. Su fin último consiste en rebajarle a la justicia para detener o suprimir la lucha armada. Nos dicen a diario: la paz no es gratis. Dejamos las armas a cambio de clemencia y de derecho a hacer política. Perfecto. Pero en la mitad hay un concepto: la equidad. No se trata de llegar al extremo de lo justo porque, como dijera Cicerón: “La máxima justicia es la máxima injusticia”. Pero sí se requiere dar a cada uno lo que es debido, según el mismo filósofo.

Aquí hemos organizado la JEP (Justicia Especial para la Paz). Hay allí muchas cosas buenas. Por ejemplo, la exigencia de confesar la verdad. También la exigencia de castigos alternativos: la cárcel, por sí misma, no le sirve a nadie.

Pero se ha dicho, también, que no se equiparen los guerrilleros con las autoridades que no hayan llegado a extremos delictuales. No son lo mismo unos que otros. Y tampoco son iguales los terceros que se vieron obligados a defenderse. Son extremos no equivalentes.

Ojalá la JEP no se extralimite en cacerías de brujas donde se equiparen los que ofendieron a los que se defendieron, si así ocurrió.

Reparación. Se debe reparar a las víctimas. Pero aún no hemos podido saber qué son y quiénes son las víctimas. Son millones en todas partes, no sólo en los lugares de conflicto. Y ahora no hay quien repare. Nadie se cree obligado ni tiene con qué. ¿Darles 16 curules a la Cámara a unos cuantos por estar cercanos a la selva? Y los demás, ¿no necesitan representación? Un proyecto que no podía pasar por injusto con la mayoría de las víctimas no pasó con el fast track. Y nadie supo sumar ni restar: nadie ha sabido aún cuál es la mitad de una unidad.

¿No repetición? Dios nos asista.

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