Entre USA y Cuba

Junio 20, 2017 - 11:35 p.m. Por: Carlos Mejía Gómez

Por la boca. Trump es un bocón. Su bocota le sirvió para derrotar a Hillary. Sin duda llegó a la más alta cumbre humana: ya tenía todo el oro, tenía todas las mujeres, tenía toda la imagen de la mayor prosperidad. En esas alturas, sin embargo, algo le fallaba. Arriba, en la cabeza. Numerosos psiquiatras, desde Harvard hasta Yale, le diagnostican severas anomalías emocionales y mentales. Es claro que no lo llena nada ni nadie. Y es claro, también, que no disfruta con nada ni con nadie. Entonces ¿para qué tanto de tanto?

No es que su brillo lo haga amo de las noticias. Todo lo contrario: las noticias lo persiguen como a todo escandaloso.

Enredos. Trump está enredado por doquier. Pero lo grave es que enreda al país más poderoso del mundo y al universo entero. No sabemos cómo quedará con China o con Rusia. Y con todo el desorientado oriente. ¿Y qué será del calentamiento global que Trump considera un chiste? Pero allá llueve mientras por acá no escampa. ¿Qué pasará con México y su inefable muro? ¿Qué ocurrirá con los inmigrantes, ahora perseguidos como fieras rabiosas?

Y en USA. ¿Y qué pasará al interior de su nación? Se cuestiona la posible injerencia de Rusia en su triunfo electoral. La primera genialidad consistió en despedir al director del FBI, James Comey. Fue un primer disparo en el pie. Por allí se abrió una posible investigación por obstrucción a la justicia. Según el Washington Post, ahora el mandatario está en los brazos de un fiscal Especial, Bob Mueller. Y según politólogos y analistas es probable un ‘impeachment’ en el Congreso. Tan recién llegado al poder y ya en estas. Tal vez por menos se recuerda el Watergate de Nixon.

Y ahora Cuba. Pero hay otro tema reciente y creciente: el posible recalentamiento de la Guerra Fría. Enfriando las relaciones con la Cuba castrista. Quizás Obama fue demasiado condescendiente sin nada a cambio. Pero ahora Trump le pide a Cuba un imposible: avances democráticos mediante elecciones libres.

Esto ocurre cuando Cuba carece de norte claro. Hace varios años heredó Raúl Castro el poder de su hermano Fidel, cuando estaba menos difunto.

Ahora está muerto del todo y Raúl acaba de cumplir 86 años. Está cansado él y de él su pueblo sufrido, y de él cansado el continente.
Ahora debe enfrentarse a lo que exige la rubia fiera americana. ¿Y si no? Ni Trump ni Castro tienen la respuesta.

¿Un neocastrismo? No sabemos cuándo ha decidido morirse Raúl Castro. Sin embargo, ha ofrecido ceder el poder el 24 de febrero de 2018, dentro de 8 meses (en esas fecha estaremos a tres meses de elecciones presidenciales en Colombia cuando sabremos si aún nos amenaza el ‘castro-chavismo’). Nadie sabe quién será el nuevo mandatario neo castrista aunque todo el mundo sabe que será Miguel Díaz-Canel. Es el favorito de Raúl. ¿Y cómo es él? Se tienen datos: leal, leal y leal, bien plantado, sin experiencia ni talante, no habla pero tampoco escribe. Si piensa o no, sólo lo sabe Dios, aunque obviamente deberá pensar con la cabeza de un Castro muerto y de otro Castro muy viejo y cansado pero que sólo recita una misma canción: dictadura comunista. ¿Y Trump? ¿Y USA?

¿Muere el castrismo? Y, por supuesto, la amenaza de un ‘castro-chavismo’?

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