El mal de males

Julio 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

El peor de los males, aquí y donde quiera, consiste en nacer sin ser deseado. Si siendo deseados, esperados, acogidos y amados todos tenemos nuestras taras, hay que imaginar lo que ocurre en el universo interior de una persona rechazada por su madre, por su padre (el viejo cuento de la muchacha que le dice al noviecito: lo que hemos hecho no tiene nombre y él le responde: ni apellido porque yo de aquí me pierdo), por los abuelos, por la familia entera, por el entorno inmediato: por la sociedad como un todo. Incluso por las religiones que los consideran hijos del pecado.Recuerdo un estudio divulgado hace unos años, si mal no recuerdo por la Arquidiócesis de Medellín: un altísimo porcentaje de terroristas, de sicarios, de criminales en general fueron hijos no deseados, considerados una verdadera tragedia económica, laboral, sanitaria y sicológica para sus progenitores y su entorno: una boca, una ropa, una escuela, un enfermo más en casa. La vieja expresión popular: éramos muchos y estábamos mal y nos parieron la niña y la abuela.Una persona bien amada de cualquier estrato se enfrenta a la vida con inmensas dificultades durante toda su existencia. ¿Imaginamos el odio, el resentimiento, el deseo de venganza contra el mundo de alguien a quien ese mismo mundo no espera, no acepta, no desea recibir?Hace poco hubo unos debates en los cuales tangencialmente y sin mayor rigor científico se mencionó este problema (¡el mayor problema imaginable para un ser humano!). Pero nuestra sociedad nunca ha encarado esta realidad. Hay algunas campañas de las iglesias y de Profamilia, pero no se ha llegado al fondo, esto es, a la raíz de la vida de una sociedad, a la manera como se integra un conglomerado humano adonde se viene no a coexistir como irracionales sino a convivir, esto es, a compartir y a apoyarnos amable y amorosamente. Padecemos y lloramos la inseguridad, pero no entendemos quién la creó, cómo nació, creció y se desarrolló. Antier este diario lanzó una “Alerta por consumo de drogas desde los 9 años”. Hace poco conocimos las cifras de alcohol y cigarrillo desde la infancia. Hemos leído, también, sobre sicarios, guerrilleros y terroristas infantiles. Acabamos de aprobar una ley para castigar a los menores infractores. Y hacemos mucho para que no nos maten en las calles (para que no nos maten mucho más): nos tomamos policialmente las ciudades, atacamos al enemigo social por doquier, el narco consumo, el narcotráfico macro y micro protagonizado por mayores y menores, aumentamos el número de fiscales y jueces, hinchamos las cárceles. Pero la verdad es que todos nacemos con hambre física y hambre de amor y, en la mayoría de los casos, como rezan las estadísticas, a la mayoría sólo la recibe el rechazo familiar y colectivo: ¡Hijos no deseados!: no sólo mal de los malos sino mal de los males. Empero, nunca se ven verdaderos, profundos y eficaces procesos para abrir los ojos y las mentes a fin de no arrojar hijos a lo que será el valle de lágrimas y de inseguridad que tanto nos preocupa pero que tan poco nos ocupa. No hay espacio aquí para insistir en el efecto 1 a 100: transformando el 1% podemos transformar el 100%. Tema para otro día.

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