El día de la felicidad

El día de la felicidad

Abril 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Aprovechar el día. Hace una semana se celebró el Día de la Felicidad. Me dije, entonces: hay que aprovechar este día porque los demás, ¿serán días de infelicidad? Hay días para todo lo imaginable. Recuerdo por estos días, también, el Día de la Mujer. ¿Sólo un día? Y los demás, ¿son días del hombre? Y un Día de la Poesía. Creo, por el contrario, que todos los días deben tener poesía, tener sol, tener luna, tener vida. No sólo uno. Tenemos la costumbre de festejarlo todo ¡con un mero día! Y de celebrarlo todo ¡con una feria o con un reinado! Todos los días hay una feria en alguna parte, reina incluida. Y el resto del tiempo, ¿a qué lo dedicamos? Leí acerca del Día del Silencio. El domingo antepasado nos cuenta Jorge Ramos, que en Bali, Indonesia, un día cierran todo, especialmente la boca. Sólo quedan el día, la noche y el aire. Ese día son felices, ¿y el resto de los días, y el resto de la vida? Es casi como decir que solamente se es feliz en la quietud, esto es, ¿en la muerte? 2. ¿Somos menos felices? No recuerdo quién inventó aquello de que éramos el país más feliz del mundo. Quizás porque tanta gente celebra entre nosotros, como en Bali, el Día de Silencio: cuando no se come, no se habla, no se viaja ni se transporta, nada se escucha, todo se paraliza. Hasta el estómago.Escuché que, según reciente estudio, las naciones más felices están en Europa (Suiza, los países nórdicos, Holanda, en fin). Los que tienen mejor resueltas sus necesidades. Tiene lógica. Sin embargo, ¿por qué los índices de suicidio tan altos? El estado de confort que todo lo resuelve también se traduce, a veces, en aburrimiento, en falta de emociones fuertes. En menos “deseo”, diría un sicoanalista. “El deseo es la carencia, es un hueco sin fondo, aquello que nunca logramos aunque siempre perseguimos.” ¿El deseo (insatisfecho) también induce felicidad?, ¿y el exceso de satisfacción genera desdicha? La única respuesta es que para estas cosas del alma, de las emociones, de los sentimientos, nadie ha inventado la respuesta. Entre tanto, todos seguimos persiguiendo la felicidad y preguntándonos en qué consiste y dónde se oculta ese esquivo tesoro.3. Cátedras de felicidad y de paz. Ya se intenta el establecimiento de dos cátedras obligatorias. La cátedra de la felicidad y la cátedra de la paz. ¡Mamá, papá!: perdí ‘paz’ pero gané ‘felicidad’. “¿Y eso, hijo?”. “Le dí duro a Pedro y quedé feliz”.Alcanzar la felicidad es como alcanzar un pispirispis: nadie sabe qué es porque nadie ha logrado coger uno. Todos corremos hacia ella pero nadie sabe tras de qué corre.Pero filosofemos un poco antes de que se acabe el Día de la Felicidad. Después vendrán los demás días. Pío Baroja reconoció que así como la desdicha hace pensar más, la felicidad quita todo deseo de análisis. Recordemos a García Márquez cuando afirmaba que sólo escribía con ardor cuando estaba intranquilo pues cuando estaba pleno no deseaba hacer nada. El problema de descubrir la felicidad es que la confundimos con el entusiasmo, con la alegría pasajera, con un momento de manía o de gozo. Pero no sabemos en qué consiste. Bismarck, con todo lo que logró en la vida, dijo que si contara todos sus minutos de felicidad no llegaría a un día. Nosotros sí: tenemos un día de la felicidad.

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