El chisme como terrorismo

Noviembre 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. El chisme: delito terrorista. El papa Francisco da luces a diario. Por primera vez alguien le da al chisme su mayor alcance: terrorismo. Las legislaciones suelen referirse al terrorismo como estado de zozobra o terror a la población en general. Pero no al impacto de acciones individuales sobre las personas.Nuestro código penal tipifica los delitos de injuria y calumnia. El Pontífice ha dicho que es preferible una injuria directa, un insulto de frente, así haya “trompada” de por medio. De una imputación deshonrosa, hecha cara a cara, el otro puede defenderse y salvar su honra. También prevé la ley la injuria cuando por vías de hecho se agravie a otro, de frente. O en forma indirecta: se dice, se comenta… No tiene perdón de Dios (ni del Papa, ni de nadie) el chisme en forma de calumnia.El chisme es artero, traicionero. Sobre todo cobarde. No da la oportunidad de defensa al ofendido. Para el Pontífice el chisme alcanza el grado de terrorismo porque implica convocar a una o varias personas para que escuchen el infundio y lo divulguen. Es una invitación a masacrar por la espalda, a hurtadillas, en la sombra: donde el agredido no vea, ni sepa acerca de su agresor, oscuro, cobarde. El daño queda hecho: “Calumnia, calumnia que de la calumnia algo queda”, dijo el pensador. Algo y mucho queda.2. El pecado cobarde. Lo que condena el Pontífice es la cobardía del chismoso. Amado Nervo afirma que “la cobardía es más alevosa que la perfidia y más asesina que la ira”. Todos conocemos chismosos de profesión en reuniones, cocteles, comidas: comidas que se convierten en comidillas. Generalmente nadie reacciona a estos hechos porque el chisme se engorda y se expande: cada quien quiere lucir su chisme más cruel y más escabroso. Y, entre risas, cada quien compite con sus propias versiones y sus morbosos ‘conocimientos’ acerca de los hechos, generalmente falsos o inflados. Entre trago y trago, la hilaridad aumenta. Y la víctima?: inocente de sus propias ‘culpas’.La historia, la literatura, la filosofía y sobre todo la psicología reprochan esta forma que el Papa eleva a la categoría de terrorismo: si no le temes a Dios, témele al chismoso calumniador. Por chismes ha habido muertos por doquier. Por ello el código penal es más riguroso acerca de “conductas que se refieran a la vida sexual, conyugal, marital o de familia o al sujeto pasivo de un delito contra la libertad o la formación sexuales”.Otro aspecto vulnerable es el de la honradez. Claro que en este mar de corrupción es fácil pensar que “cualquiera es un ladrón” (como en el tango Cambalache). Pero ocurre que si el sujeto no lo es, su ruina moral es total. En política se solía decir que la mejor manera de acabar con el adversario consiste en tacharlo de ‘delicado’ (afeminado) o de indelicado (ladrón). 3. Un chisme bueno y fresco. Disculpen. Mañana, 27, 7 p.m. Biblioteca de El Centenario, al lado de El Obelisco: lanzamiento de la novela de mi hija María Paulina Mejía Vélez, editada por Oveja Negra, distribuida por La Nacional. También mañana, almuerzo Corfichimbas, 35 años, más de 60 ‘socios’ (no ‘sucios’). Ben vindos.

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