Donald o Tío Rico Mc Pato

Febrero 01, 2017 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. ¿Dónde estamos? A lo largo de la larga campaña presidencial uno no se lo podía creer. El candidato Trump se enfrentaba a Hillary Clinton. ¿Y esto de qué se trata?, se preguntaba uno. Hillary, allí, muy compuesta, muy tiesa y muy maja. Su tick académico no transmitía nada. Al frente, el inmenso candidato republicano, rubicundo, con su panza llena, su corbata hasta las rodillas, su mechón de caramelo, sus manos al vuelo y haciendo pucheros como de niño grande y gordo, regañado. Fueron debates pobres; cualquier profesor de universidad gringa lo hubiera hecho mejor. Nadie supondría que estábamos disputando el cargo más importante del mundo.2. Una paradoja. En los Estados Unidos puede ganar el que perdió. Mediante el sistema de votos por colegios electorales cada candidato obtiene todos los sufragios de cada Estado así sea por un voto. Hillary ganó el voto popular pero perdió los Estados. Y los Estados Unidos. Esto no se entiende en los demás países. 3. ¿Y quién es él? Nadie lo sabe. Ni él mismo lo sabe. ¿Por qué se metió en esto si nadaba en oro y rascacielos? ¿Por glotón? Imagino un niño regordete clavado compulsivamente sobre un pastel de chocolate rebosado de helados. Ya no cabe en sí mismo, ni en el mundo entero. Trump es un complejo caso psicológico. 4. ¿Delirio de grandeza? No deja de ser un riesgo. ¿Recuerdan al Tío Rico Mac Pato?: siempre sobre una montaña de monedas de oro. ¿Y era feliz?: pienso que a él, como a Trump no se les puede desear Feliz Año: al parecer no tienen un solo día de felicidad. Disfrutaba más de la vida, sin duda, el sobrino, Donald, pobre pero feliz y los sobrinos de éste, Hugo, Paco y Luis. Sobre todo, vivían en la realidad. Una persona que solo habita el mundo de la fantasía es un gran riesgo para la humanidad. Llega un momento en que no puede acumular más y revienta.A este Donald (Trump) le faltaría así fuera una pequeña dosis del Buda, de Ghandi, de San Francisco de Asís, del actual papa Francisco, quienes aconsejan tener el equipaje ligero, liviano. En busca siempre del ser, no del tener.5. El discurso de posesión. Hay que admitir que Trump es un gran trabajador. Se ve claramente que es workaholic: obsesivo, compulsivo. No respira: esto no es diciendo sino haciendo. Ya ha expedido cantidad de decisiones presidenciales. Si buenas o malas lo irá diciendo esta historia desaforada. ¿Oyeron su discurso inaugural? Luis XIV patentó aquello de “l’état cést moi”. Para Trump “the world is America and America is me”. America first o just America (estamos borrados los demás países americanos). La gran promesa: la América decaída volverá a ser la dueña del orbe. Entre tanto, la encerrará en urna de cristal, lejos de toda contaminación perniciosa: fuera de la globalización, de los acuerdos internacionales. Incluso ha puesto en duda a la ONU, a la Otan, a la OEA: cierto es que EE.UU. es el gran proveedor de las cuotas de sostenimiento de unas entidades en las que tiene luego solo un voto en las decisiones, como cualquier Andorra, cualquier Haití o cualquier Somalia. Pero…Visto con otra óptica, Trump promete ‘limpiar’ el mundo de terrorismo, comenzando por el Estado Islámico. Así sea.En todo caso, todo es un misterio en este complejo ministerio.

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