¿Cuáles CAR?

Enero 24, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

Las Corporaciones Autónomas Regionales, CAR, nunca han tenido entidad clara. En nuestro sistema jurídico-administrativo han sido unos lunares sueltos. Nunca militaron dentro de nuestra organización central. Tampoco clasificaron en el ámbito de la descentralización funcional o por servicios ni dentro de la desconcentración. Se las llamó Corporaciones para darles cualquier nombre atípico, Autónomas aunque nunca lo fueron y Regionales porque pretendían, sin suficiente especificidad, ser supra-departamentales e infra-nacionales.Fueron, realmente, creaciones ad hoc. Se perfilaron para trascender, tímidamente, el ámbito jurídico-político de los departamentos, pero sin capacidad de configurar regiones uniformes orientadas a lograr su desarrollo armónico. En los mejores casos, es cierto, se ocuparon de aspectos puntuales relacionados con el medio ambiente, la regulación del agua y la generación de energía hidráulica. Hace muchos años integré, con otros cuatro latinoamericanos, un grupo becario de la Fundación Ford en Chile. Estudiamos un proyecto que pretendía superponer a las provincias politizadas (como nuestros departamentos) unos organismos que fueran gestores y promotores del desarrollo integral y armónico de regiones compatibles, uniformes y complementarias. Se proponía una Oficina Central de Planeación Nacional (Odeplan) y unas Oficinas Regionales de Planeación (Oreplan) que comprendían varias provincias o partes de las mismas. De este modo, las provincias (departamentos) quedarían como vestigio histórico. No volví a saber qué ocurrió con el proyecto final, pero me temo que la politiquería provincial lo frustró. Algo como lo que aquí se ha intentado infinidad de veces sin que el Congreso haya aprobado nunca divisiones territoriales uniformes y funcionales para el desarrollo más allá de las tradicionales fronteras departamentales. Los proyectos de LOT (Leyes de Ordenamiento Territorial) siempre han tropezado con los intereses políticos subalternos que seguiremos padeciendo per sécula. Tampoco para lograr algún efecto en la materia sirvieron nuestras CAR.Ahora nos tomamos de la cabeza para preguntarnos lo que debimos habernos preguntado hace 60 años: las llamadas Corporaciones Autónomas Regionales, ¿para qué? Sus funciones bien pudieron haberse cumplido a través de los organismos competentes del ramo. Hoy se han constituido en unos malos policías ambientales cuyas funciones tropiezan con el Ministerio del Ambiente y con los Dagmas locales. Anteriormente, al menos, bajo normas y ejecutivos óptimos (Bernardo Garcés, Henry Éder, Óscar Mazuera), entidades como la CVC tenían respetabilidad por su composición y sus directores. ‘Democratizamos’ las CAR en el peor sentido y ya padecemos el abismo al que llegaron.Tuvo que caernos el diluvio universal para identificar un chivo que expíe en alguna medida la negligencia, la impericia, la imprevisión y la corrupta politiquería que las inunda. Algo se hará, pero esos pequeños grandes Frankensteins que son las CAR van a quedar remendados pero vivos. Mucho quedará faltando para poder enfrentar el temporal que regresará pronto y más furioso y para que la naturaleza nos perdone.

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