¿Cuál cambio?

Septiembre 06, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1.¿Legisladores legislando? Un eminente jefe político y jurista sostenía que los cuerpos colegiados son, fundamentalmente, válvulas de escape para que la olla de presión social no nos deje en átomos volando. Y agregaba que nada resulta más peligroso que un Congreso legislando para satisfacer la ansiedad colectiva o para incrementar las estadísticas de cada parlamentario. En efecto, se suele medir la eficiencia por el número de ponencias y de leyes. Por ello, en las campañas y en los gobiernos que inician lo más popular consiste en prometer “el cambio por el cambio”. ¡Vaya peligro para la estabilidad jurídica de una nación!2. La honda de las reformas. En cuestión de días se han anunciado todo tipo de proyectos tanto de leyes como de actos legislativos. Los cambios no son buenos por ser cambios sino por ser buenos. Esperemos que así ocurra con las anunciadas reformas de la política y de la justicia. También se anuncia el regreso de ministerios que nunca se debieron ir: justicia, salud o trabajo, ambiente o vivienda. Además, hay quienes claman por el ministerio del deporte, de la mujer, del agua, de la vida, del amor, de la felicidad, de la vida eterna…No se puede opinar en concreto porque aún tenemos tan sólo proyectos de proyectos. Por las materias respectivas, hasta ahora el mayor protagonista ha sido el Ministro del Interior y de Justicia quien parece delirar por los micrófonos y las pantallas: como si estuviéramos ante las elecciones del 2014. Chi va piano, va sano e va lontano.3. Tantos temas. Entre tanto tema, aparece la idea de reformar la tutela para que no choquen los trenes; de reordenar las regalías que se filtran como agua entre dedos de manos largas y sucias; de intentar, por enésima vez, reordenar el territorio. Veremos. De otra parte, se anuncia la mágica devolución de tierras a la población desplazada la cual, según las peores cuentas, llega al 10% de la población. Se promete la reparación a las víctimas de la violencia guerrillera y paramilitar. ¡Que haya suerte y, sobre todo, plata de los victimarios!4. Mayoría de edad. Sin que aún se serene la violencia en el campo (por ejemplo el caucano) se siente un desbordamiento criminal en las ciudades, especialmente las capitales. Por propia iniciativa pero, ante todo, fletados por bandas de mayores, los jóvenes son protagonistas principales. Esto y otros factores han llevado a proponer la mayoría de edad a los dieciséis y aún a los catorce años. Un experto reflexionó así: si puede haber consentimiento sexual y matrimonio civil a los catorce (y este es el mayor compromiso posible para un ser humano), a tal edad se podrían adquirir derechos y contraer obligaciones civiles y derivar responsabilidades penales. El tema debe tratarse con sumo cuidado, pero con pleno realismo: los sardinos de ahora no son los de las viejas leyes dictatoriales de la inhibición, la represión y el oscurantismo sociales, sexuales, familiares y religiosos: hoy nuestros hijos y nietos nacen aprendidos. 5. Elecciones en un año. Tendremos que comenzar a hablar de este tema esponjoso en el ambiente gris de nuestra política local y regional (incluso sin gobernador claro). ¡Ojo!

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