Colombia: descanse en Paz

Septiembre 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. La Paz, niña bonita. Cuando está recién nacida, la paz es una niña pequeña y bonita a la que todos acogen y consienten. Abundan los padrinos dentro y fuera del país pues todos estamos de acuerdo en estar de acuerdo. Pero la niña comienza a crecer y, cuando comienza a hablar y razonar se mira al espejo y encuentra una esquizofrénica figura de dos cabezas que no se reconocen entre sí debido a la oposición entre sus lenguajes histórico, existencial, verbal, gestual y actitudinal. Cada cabeza, pues, piensa, habla y actúa cosas diferentes.2. La cabeza institucional. Una de esas dos cabezas tiene un discurso institucional: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento” (Artículo 22 de la Constitución). Un deber: hay que intentarlo todo. Un derecho: es un bello poema pero ese derecho no es exigible. (Sería muy loca una acción de tutela exigiendo al Gobierno que en un mes nos diera la paz. Más loco proponer un desacato con arresto y multa. Y más locas aún unas acciones disciplinarias y fiscales seguidas de prevaricato omisivo). Pero, en todo caso, la cabeza institucional cumple con proponer e intentar la paz con la ley en la mano.3. La cabeza subversiva. En el caso de la otra cabeza, la guerrillera, el lenguaje y la lógica han sido históricamente la ley del monte, del secuestro, de las armas, de las bombas, de los cultivos ilícitos. En los demás países todo se peleaba por soberanías, por territorios o por religiones. Aquí la financiación narco-guerrillera (invento nacional) ha sido, es y probablemente será un obstáculo mayor para los acuerdos de paz. Pero tengamos fe en un cambio extremo de la subversión.4. Cosas de ley. Anteriormente podíamos, internamente, conceder amnistías e indultos y obviar extradiciones, aún en presencia de delitos atroces, de lesa humanidad, de guerra. Bastaba con que un guerrillero se diera dos golpes de pecho para que luego lo exaltáramos a los altos altares de la patria (al Congreso, a ministerios y a las grandes alcaldías, lo cual, en todo caso, es siempre mejor que sus balas y sus bombas). Más recientemente nos podíamos someter a la justicia transicional con algo de verdad, unas gotas de justicia y unas monedas de reparación. Pero hoy, con las nuevas normas nacionales, ajustadas a la justicia global, y con los ojos de los dueños del mundo encima, los procesos se complican. Tendremos que encontrar las salidas.5. Para descansar en Paz. Así, pues, la niña llamada Paz, a medida que crece, va encontrando abrojos y cardos en el camino de su desarrollo. Ojalá seamos capaces de superarlos entre todos, si bien debe quedar claro que no se trata de un intento de paz para ambientar una reelección presidencial, de una parte, ni de nuevas engañifas para tomar aire guerrillero, de la otra. Todos queremos la paz o seríamos muy torpes: necesitamos dejarla nacer para poder conocerla y preservarla viva por siempre: es cuestión de ser o no ser. A fin de que Colombia, por fin, descanse en Paz, pero no en el cementerio.

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