Campaña macabra

Marzo 20, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Chávez, campaña macabra. El líder venezolano (¡déjenlo descansar en paz!) había advertido que no lo embalsamaran y lo dejaran expuesto. Le parecía algo macabro. Contra este último deseo, el Vicepresidente lo quiso exhibir en una urna de cristal “para la eternidad” o, al menos, para la campaña presidencial de abril. Parece que hasta micrófono pensaron instalarle. Lo importante era que el líder fuera el padre (Chávez), llevara a la gloria al hijo (Maduro) con la inspiración del Espíritu Santo (el propio Libertador). Se ha seguido el irrespeto al cadáver poniendo a pasear su féretro de un lugar a otro hasta obtener una reforma constitucional que lo eleve al panteón construido para el Libertador. De esta manera, Chávez no solo opacaría al propio Bolívar sino que, ya en el cielo (¿?), orientó al propio Espíritu Santo para que cayera en el Cónclave, en lenguas de luz, para que el humo blanco anunciara un Papa latinoamericano. Chávez, pues, trascendió su ámbito de acción de la tierra al cielo.2. Chávez, un mago. Es cierto que Chávez era un incordio. Pero también fue un mago que logró hacer pobre a un riquísimo país, hacer opulenta a una pobrísima familia (buen padre, buen hijo, buen hermano), disfrazar de democracia una satrapía, unificar todos los poderes en su cabeza y en sus manos, tomar decisiones diarias en todas las materias sin saber ni haber tenido tiempo nunca de estudiar (salvo para dar órdenes castrenses), generar carestía donde debería haber reinado la abundancia, engordar el Estado espantando a los inversionistas y a la clase productiva, proclamarse el hombre de la paz dando cómodo albergue a los de la guerra y el terror y haciéndoles homenajes a tirofijos, reyes y jojoyes, anestesiar y electrizar a las clases populares con dádivas y distribuyendo la felicidad de la salud a la cubana y la educación a lo revolucionario, ampliar el desempleo mientras crecía la burocracia, estatizar el país con disfraz democrático, silenciar los medios libres mientras trinaban los estatales, mostrar derroche en medio del endeudamiento externo, la inflación y el déficit fiscal, apretar con la fuerza oficial a las gentes de bien mientras la inseguridad y la criminalidad campeaban por doquier, difundir la autonomía estatal mientras subyugaba a Cuba y a los vecinos con petróleo a cambio de sometimiento a sus designios, denostar del imperialismo mientras se sometía a los Castro y rendía culto a Libia, Irán y Norcorea.3. ¿Qué tal si dura más? Sobrecogedora la despedida a Chávez, quien, pese a su ignorancia atrevida, mostró ser un idolatrado líder. Como el gran gurú de una inmensa religión. Si hubiera durado dos períodos presidenciales más no solo se hubiera devorado a toda Venezuela sino a todos nosotros y a todos ustedes. Pero no hay mal que dure cien años…Una nota curiosa: ¿han observado el tamaño de las ediciones de la Constitución? A Chávez le cabía en una mano. Ahora los maduros y cabellos y jauas y congresistas y cortes y sistema electoral la exhiben entre un solo puño. A ese tamaño minúsculo la redujeron para poder estrangularla con facilidad. Basta observar el actual proceso político, pintoresco y absurdo. No hay espacio ya para imaginar a Venezuela con Maduro como el gran ‘conductor’.

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