Aguas sin sol

Diciembre 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Causas. Causa causa causa causarum (la causa de la causa es causa de lo causado). La causa de la causa del invierno tiene varios nombres: San Pedro, los crímenes ecológicos y las secuelas de calentamiento con su Niña incontrolada y la imprevisión generalizada. ¿Qué hemos hecho en materia de previsión desde siempre, después de los años cincuenta y sesenta, desde que la CVC era la reina de la plata en el Valle (por cierto, ¿adónde ha ido a navegar ese billete?)?¿Hace cuánto sabemos que Salvajina y las obras de adecuación del Cauca requerían subsiguientes fases, con proyectos complementarios de origen público y privado? ¿Cuánto hace que los expertos y los legos conocen de todos los riesgos, incluido nuestro desvencijado jarillón del río Cauca? ¡Dios nos libre de que esta sea la hora llegada! Ahora lloramos sobre tanta agua derramada y sus secuelas en producción, empleo, salud, pobreza, vivienda, infraestructura, transporte, salud física y mental: suficientes desgracias para descarrilar todas las locomotoras de la esperanza gubernamental. El horizonte pintaba tan bien, pero nos llegó el diluvio sin el Arca preparada. ¡Que el Altísimo y los jarillones nos protejan! Por supuesto, cuando predicamos que los responsables somos todos jamás se definirá culpa en cabeza concreta alguna. Esto es Colombia, Pablo. Entre tanto, ¡qué vivan la Feria y las elecciones atípicas porque el muerto (los muertos y los horrores) están aguas abajo! Confiemos en que continúen los recientes días de sol.2. Paradoja ‘legal’. A la sindicación que nos hacen de narco-cracia, Colombia responde siempre con timidez, que mientras exista, desde los países ricos y sus clases pudientes, demanda ‘legal’ y provisión de insumos y precursores químicos, las naciones pobres, como parias universales, siempre producirán y traficarán con drogas. Claro: las naciones ricas y civilizadas nos ayudan con centavos y tecnología para el combate narco mientras demandan a ‘porro’ y a porrillo los productos de las matas que matan. Se trata de un doble lenguaje, de una paradoja mayor. El asunto llegó al extremo con el reciente fallido referendo que pretendía legalizar la producción y consumo de la marihuana nada menos que en California, el estado más poderoso de los Estados Unidos, con una economía cuyo PIB es muchas veces superior al de toda Colombia. Tienen razón, por ello, los presidentes de nuestros países cuando claman al cielo por una sola lógica, un solo lenguaje, una sola postura ante el letal fenómeno del narcotráfico: o todos en la cómoda cama o todos en el sucio suelo.Una de dos: o lo legaliza o lo combate por igual el mundo entero, a partir de EE.UU., pues quienes se atrevan a actuar aisladamente serán tenidos como estiércol del demonio. Además, cualquier eventual legalización debe cubrir los niveles de producción y tráfico (en los endemoniados países pobres) y de consumo (en los angelicales países ricos) pues cualquier cabo suelto sería un caos absoluto. Sin embargo, padeceremos un debate eterno al respecto mientras vivamos los que hoy estamos vivos. Nota: En medio del llanto y crujir de almas, esperemos que la Navidad transcurra en paz y que el año venidero no sea tan nefasto.

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