5 centavitos de democracia

Octubre 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1.In-consultas. Tres partidos, Mira (¿hacia dónde?), Polo (¿a tierra?) y Verde (¿del desconcierto?), convocaron el domingo pasado a unas consultas para resolver problemas de interés interno y no de importancia nacional. Si bien la ley lo permite, sólo ahora caemos en cuenta de que en tales consultas ni siquiera participan todas las colectividades: el domingo nadie sabía qué ocurría, qué se ‘elegía’, por qué ley seca. Lo que sabemos todos ahora es que ese certamen costó más de $ 35.000 millones, que participaron 500.000 personas de un censo electoral del cerca de 32 millones de personas habilitadas, esto es, menos del 3% de tal censo, que cada voto costó $70.000 pesos, que se tuvieron que destruir 6,5 millones de tarjetones preimpresos y que hubo una serie de limitaciones ciudadanas y de parafernalias de seguridad por encontrarnos en una fecha electoral. Todo ello revestido del ostentoso eslogan de la Registraduría Nacional: “La democracia es nuestra huella”.2. Todo es democracia. La democracia partió de que Aristóteles sostuvo en su Política que “si los hombres son iguales en algún respecto lo son en todos” y lo que interesa y afecta a la comunidad ha de resolverse por todos en el ágora. Por supuesto estamos lejos de ser la Grecia antigua y tampoco nos acercamos, en la modernidad occidental, a la democracia suiza. Empero, nos jactamos de ser la más antigua y sólida democracia continental y por ello nos damos lujos y adoptamos ticks como los de nuestras mencionadas consultas para precario y dudoso servicio interno de unos partidos pero a costa de todos los bolsillos ciudadanos. ¿Cuál igualdad democrática? Vuelvo a recordar a mi profesor Leopoldo Uprimny quien decía haber conocido al menos cien definiciones de democracia (incluida la igualdad democrática). Ahora conocemos nosotros una nueva en Colombia: cinco centavitos de democracia al servicio de la arrogancia de cuatro gatos. Gavinet sostenía que la voluntad de un grupo es como un relámpago que dura un segundo pero cuesta un dineral.3. ¿Cuál democracia? Para muchos (y me incluyo) la democracia es un ideal pero a veces sus excesos llegan a ser una vergüenza pues, como señalaba Edmund Burke, puede convertirse en la tiranía de una multitud o de unos grupos o, en ciertos casos, puede alcanzar incluso niveles de “intensidad morbosa.” Ojo con dárnoslas de demasiado demócratas pues, al decir de Balzac, “la igualdad (democrática) podrá ser un derecho pero ningún poder humano podrá convertirla en un hecho.” Peor nos la ponía J.J. Rousseau, maestro en la materia, cuando sostuvo en El Contrato Social que “no ha existido nunca verdadera democracia y no existirá jamás”. ¿Quién, por ejemplo, se atrevería a sostener en China que allá no tienen democracia (o igualdad democrática)?, ¿o en Cuba, o en Nicaragua, o en Bolivia o en Irán o en todas las satrapías que en el mundo existen revestidas de ‘elecciones’ y de ‘consultas’? Bajémosle, pues, a nuestras jactancias democráticas. Y el mismo Congreso que consagró las consultas (de modo inconsulto con lo que somos y tenemos) expida normas aterrizadas, acordes con nuestras realidades y posibilidades.

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