100 días de Santos

100 días de Santos

Noviembre 29, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. 100 de 1.460. Sólo faltan 1.360 días de gobierno santista. Los primeros 100 y pico marcan una buena tendencia. En primer lugar, todo el mundo reconoce un cambio de estilo. O sea: de una figura como la de Uribe omnipresente 24 horas, llena de energía, de ideas, de trabajo universal y aún de febriles confrontaciones, pasamos a un perfil sereno, prudente, transaccional y de trabajo y enfoque más selectivos en los temas y labores. Dice un proverbio chino: el tigre es el más poderoso, pero el camaleón es el que siempre permanece. Al tigre uribista, por su estridencia, todos quieren cazarlo, bien por odio o por temor. En cambio, no es fácil pillar al camaleón santista. Ahora bien, falta mucho tiempo para saber qué pasará con lo que tan bien ha comenzado. Pero partir de casi un 90% en opinión favorable, de un Congreso afecto, de una unidad nacional exultante, de una oposición que no sabe oponerse, tiene el problema de que de allí no se puede subir y, por el contrario, todo avance en el tiempo implicará bajar escaleras. Mientras el Gobierno pedirá que le tengan paciencia, quienes se sientan frustrados en sus aspiraciones comenzarán a gruñir. Y es ahí cuando el camaleón comienza a decolorarse. 2. Todo bien, todo bien. Santos ha hecho lo mejor que se puede con todo lo que tiene a mano y todo lo que se viene encima. Ha mostrado indudable talento político, le apuesta a los postulados del buen gobierno y del bien gobernar, integró un magnífico equipo de trabajo, ha presentado al Congreso serios y abundantes proyectos de toda índole, ha diseñado la carrilera para poner a rodar sus cinco locomotoras de la prosperidad, sin declinar en la seguridad, ha ido mostrando cómo concibe su Tercera Vía (sin ticks derechistas ni izquierdistas), renovó votos amorosos con Venezuela y Ecuador, coquetea con Unasur sin apartarse de los gringos y de la OEA, ha puesto su énfasis mayor (al menos en el discurso) en aspectos sociales, proclama con hechos la colaboración armónica de las ramas del poder (consiente al Congreso arisco y a las Cortes esquivas), está presente en lugares y temas, su Plan de Desarrollo ofrece augurios optimistas (más empleo, menos pobreza, informalidad y desigualdad, mayor crecimiento hacia el desarrollo diverso, sostenible y competitivo, mayor equilibrio entre regiones, mejores seguridad y convivencia en campos y ciudades, revuelo en innovación y tecnología, infraestructura para la competitividad, resarcimientos a víctimas y desplazados…).Para muchos, Santos ha sido una sorpresa: nos ha permitido olvidar que era un mimado del tiempo (y de El Tiempo), con buena estructura académica, con exitosas experiencias ministeriales, pero sin barro en las botas políticas y sin unturas sociales y populares. Sólo cien días y el hombre es otro. Ojalá le duren las buenas y ojalá lo dejen.3. Los peligros. A Santos no le faltarán escollos: la revaluación, el diluvio que nos ahoga, los eventuales celos gringos, los altibajos de sus nuevos mejores amigos, Chávez y Correa, los ministros con ganas presidenciales, los políticos y congresistas glotones, los balances siempre deficitarios. Pero por ahora registramos bien estos primeros 100 días santos.

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