¿Y el mundo sigue igual?

Abril 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

O tal vez peor pensaría yo; en efecto desde el horror de la guerra de Troya, la violencia de Alejandro Magno, las guerras Púnicas, Roma y sus circos, las cruzadas, las persecuciones religiosas y las guerras de religión, la crueldad consentida y alabada de los señores medievales y renacentistas, la inquisición y las guerras, cada vez peores hasta llegar a 1945 nos están mostrando una continuidad de la maldad de los seres humanos que siguen dejando prosperar el crimen en todas sus abominables formas, las desigualdad con sus secuelas de persecuciones racistas y sexistas y otros males que sería imposibles de enumerar individualizados. He de suponer que la violencia en el mundo dejó más víctimas que las guerras napoleónicas y que el desprecio por esas vidas y por la nuestra tiene aspectos propios de las peores épocas de la humanidad, y ello no es porque haya más habitantes hoy que en otras épocas, sino porque los seres humanos no han mejorado ni parecen querer hacerlo.De ahí que se hable en forma velada de un cierto escapismo: no hay que viajar por el Medio Oriente, no sólo porque está plagado de crueles fanáticos homicidas sino porque ellos están destruyendo los legados que les dejaron las antiquísimas civilizaciones, como la Asiria.Esto, por ejemplo, nos ha llevado a concluir que hay que ganarle el pleito a la muy atractiva esposa de Clooney que está gestionando la devolución a Grecia de los mármoles del Partenón, maravillosamente conservados y expuestos en el Museo Británico y que, muy posiblemente, correrían riesgos graves en Grecia; lo mismo puede decirse de las galerías egipcias del mismo museo y del Louvre y que alguien proteja el del Cairo.Parte de esta catástrofe se salvará por la conservación de las piezas asirias que se encuentran en Berlín, junto con ese hermoso templo que también hay que dejar allá y del busto de Nefertiti que después de muchos años de espera logré admirar.No se sí a la larga Italia será un país seguro pero para lo que sí sirve el Vaticano es para conservar los tesoros que en sus museos se conservan y cuando deje de ser la inmerecida e inútil capital del catolicismo y la sede de los negocios fraudulentos y mafiosos del Instituto para las Obras de Religión (Banco Vaticano) se mantenga el estatus de ese territorio con el fin de cuidar, para beneficio de las generaciones futuras, la muestra de lo que este mundo tenía de valioso en medio de la corrupción, la crueldad y la deshumanización que de él se están apoderando (Memento: El planeta de los simios).En Colombia, país arqueológicamente pobre, hemos descuidado lo poco que tenemos pero algo se está salvando gracias a un pequeño grupo de gente culta que bajo la gran denominación de Museos de la Memoria Histórica, o de Museos del Arte Colonial, o Moderno, van quedando en manos de las nuevas generaciones que no parecen estar interesadas en el pasado histórico y cultural y ni siquiera en el de sus propias familias y por eso se comienza a invadir los humedales, arrasar con nuestra maravillosa variedad de fauna y flora, tumbar los edificios y casas que hacen parte de nuestro patrimonio cultural, consumir drogas y hacer de la crueldad y de la violencia un modus vivendi.Lo que más preocupa lo señalaba la Revista Semana del 15 de marzo: el continuo debilitamiento del Estado que se explica claramente por la debilidad del Jefe del Estado que se refleja en todos los aspectos de nuestra vida: los diálogos de paz y sus secuelas, el desorden urbano, la falta de infraestructura y de cultura, la podredumbre de las ramas del poder público y de los entes descentralizados y autónomos (que así bautizó la Constitución).¿Qué no castiguen las gentes a ladrones, asesinos y vagabundos que no serán jamás castigados ni por la Fuerza Pública ni por la menguada administración de justicia? Yo añoro la existencia de los ‘vigilantes’ que hacen justicia y pienso que al paso que vamos tocará eventualmente armarse para montar en Transmilenio.

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