Vidas paralelas

Mayo 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Talvez por desconocimiento del acaecer de la política del vecino país, no hemos apreciado los esfuerzos que allí se han hecho durante su historia independiente para acabar con el atroz caudillismo que lo ha caracterizado, como nos lo muestra el historiador venezolano Rafael Arráiz Lucca, hoy residente en Colombia, en su libro ‘Venezuela 1830 a nuestros días’. A partir de 1830 cuando desapareció la Gran Colombia, y desde la presidencia de Páez, el país no vuelve a ver democracia alguna hasta 1945 cuando Rómulo Betancourt hace una alianza con los militares para cambiar el rumbo del país y de allí surge la primera elección popular en más de cien años: la de Rómulo Gallegos en 1948 quien al final del mismo año es derrocado por los militares (Delgado Chalbaud y Pérez Jiménez) y enviado al exilio y es cuando, en 1953, tuve el honor de conocerlo en México.Como seguramente ya se le está olvidando a los colombianos, en nuestro país surge el Frente Nacional en 1957 como resultado de los acuerdos celebrados entre Alberto Lleras y Laureano Gómez en Sitches y Benidorm. Al leer ahora otro libro del mismo Arráiz, biografía de Raúl Leoni, y refrescar mi memoria, encuentro que en medio de los esfuerzos de éste, de Betancourt y de otros venezolanos ilustres para fortalecer la democracia después de la caída de Marcos Pérez Jiménez, se llegó a un acuerdo político muy similar entre los tres partidos más importantes, que se bautizó como el Pacto de Puntofijo (31 de octubre de 1958) cuya filosofía señaló Leoni, en 1964: “Nuestra realidad política se asentó ya sobre el pluralismo partidista que expresa la vitalidad que expresa este sistema democrático, cada día más afianzado. Por eso, en Venezuela, nadie quiere gobiernos exclusivistas, sino gobiernos abiertos para cuantos quieran servir a la República”… (op cit. Pag p4)El Pacto fue firmado por la URD (Jóvito Villalba, Ignacio Luis Arcaya y Manuel López Rivas; Copei (Rafael Caldera, Pedro del Corral y Lorenzo Fernández) y AD (Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios) a través de sus personeros, casi todos bien conocidos en Colombia.Los puntos esenciales del acuerdo nos hacen pensar en nuestro Frente Nacional y algo en la actitud de Juan Manuel Santos. Veámoslos: Política Nacional a largo alcance. -Defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral. -Gobierno de unidad nacional y Programa de mínimo común.Conocí a Raúl Leoni en 1966 cuando acompañé a mi padre, Presidente electo en ese entonces, en su visita a Caracas donde fue recibido con honores de Jefe de Estado.Leoni y su esposa, doña Menca, que durante el período presidencial (1964-1969) hizo una gran labor con los niños, como la hizo mi madre al impulsar la creación del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, no eran extraños a la familia Lleras. Mi padre había estado en la Estación de la Sabana, junto con sus compañeros estudiantes, recibiendo a Leoni cuando llegó en su primer exilio en 1928 y tuvo entonces una estrecha amistad con Luis Lleras Codazzi, hijo de Luis María Lleras Triana, casado con una hija del general Agustín Codazzi y muerto en La Humarada en la guerra civil de 1885.Nuevamente nos encontramos con Leoni y su esposa en la reunión del 15 de agosto de 1966, con ocasión de la firma de la Carta de Bogotá. Este hombre que había pasado la mitad de la vida en la cárcel y en el exilio (en Bogotá y Barranquilla) era un hombre serio, robusto, afable y cordial y ello influyo en que se reiniciaran las reuniones entre los dos países para buscar una solución al diferendo sobre el mar territorial; otra suerte hubiera tenido este diálogo si se hubiera culminado con él.Decía mi padre en un artículo publicado con motivo de la muerte de Raúl Leoni: “Los estudiantes colombianos de entonces […] acudimos […] para recibir, con afecto de hermanos, a esos dos muchachos (Leoni y Gonzalo Carnevali) que estaban destinados a dejar tan honda huella en la historia de la vecina República”.

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