Vicepresidente y constituyente

Agosto 19, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

¿Por qué los periodistas no se documentan antes de escribir? ¿Para qué sirven las bibliotecas, las hemerotecas y los archivos?Estas reflexiones las hago en un país de ignorantes, perezosos y amnésicos; en la Nacional y en la Luis Ángel Arango, se encuentran, al menos, tres volúmenes de la Gaceta de la Asamblea Constituyente y decenas de libros que sobre ella y la Constitución se han escrito en los últimos 21 años, pero quienes escriben sobre los temas de moda hoy en día, y los que hablan y presentan proyectos de ley en el Congreso, no se toman el trabajo de informarse sobre los temas con que título esta columna. Ambos me son bien conocidos pues mucho tuve que ver en contra del primero y a favor de la segunda: con Antonio Navarro y Abel Rodríguez (M-19) y con Hernando Herrera Vergara (PL) conformé el subcomité encargado de preparar el articulado sobre la Rama Ejecutiva del Poder Público sobre la cual, con Marcel Tangarife, publicamos un libro en 1995 que se ocupa, entre otras cosas, del Vicepresidente que -como ya lo he escrito varias veces sin resultado educativo alguno- ahora, y con ocasión de la enfermedad de Angelino Garzón (por quien tengo gran aprecio), está en primera plana en los medios y hay total ignorancia.Me aburre repetir pero me veo en la obligación de hacerlo una vez más: en la subcomisión nos dividimos dos y dos frente a la ponencia que presentamos Henando Herrera y yo, que proponía conservar la designatura; el M-19 propuso crear la vicepresidencia a la cual nos opusimos por razones históricas que ahora tienen vigencia.En esas circunstancias enviamos las dos posiciones al Comité de Rama Ejecutiva y Legislativa presidido por Alfredo Vásquez Carrisoza y, en ausencia de Navarro quien se encontraba fuera del país, logramos que fuera aprobada nuestra ponencia, que pasó a la primera plenaria. Navarro manejaba un crecido número de votos por su alianza con los representantes de los indios, los de otros grupos guerrilleros (Quintín Lame y EPL) y los de algunas disidencias; por cierto que varios liberales lo acompañaron en este desafortunada aventura y así logro que en ambas plenarias fuera aprobado el proyecto.Nos opusimos el Movimiento de Salvación Nacional, el conservatismo pastranista, algunos liberales, y la disidencia de Rodrigo Lloreda, pero todo fue inútil.Hoy en día se critica el artículo que dejó sin funciones al Vicepresidente y que yo escribí, contando con el voto del M-19 para su aprobación. En efecto, conciliamos con Navarro nuestras divergencias para el primer debate y acordamos que cada uno excluiría del proyecto del otro los puntos que mayor malestar le causaban, y así ocurrió:La primera vicepresidencia, la de De la Calle, fue un desastre, como era de prever; cuando le ofrecí a Pastrana los votos de la coalición Noemí, Mockus, Lleras para la segunda vuelta, conversamos sobre el tema despacio y escogió él a un hombre culto, inteligente y discreto, Gustavo Bell, como formula, que fue particularmente exitosa.Ya en el gobierno de Uribe empezó a notarse que los vipresidentes de rueda suelta (como Pacho Santos) eran problemáticos y ahora ello se ha confirmado.Por cierto que, confiando en que Angelino pueda incorporarse a su cargo, no deja de preocuparnos que de acuerdo con la Constitución el Congreso elige al vicepresidente ¡Este Congreso! de modo que a rezar por la recuperación del actual.Volver a la designatura es una magnífica solución; inclusive en una época había dos designados, que creo que se eliminaron con la reforma de 1945; la vicepresidencia se eliminó en 1910 y fue una de las medidas impulsadas por Carlos E. Restrepo, para pacificar el ambiente tan turbado desde la mal llamada “regeneración”.La Constituyente quedó para otra columna.

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