Vargas Llosa, ¿amor o erotismo?

Mayo 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Creo que solo la Niña Mencha, alias Margarita Rosa de Francisco, y yo, hemos leído un librito que hace poco publicó el escritor peruano, protagonista de un romance que tiene amigos y enemigos, cosa que a él y a su nueva pareja les importa un pito pero que por el protagonismo que les siguen dando los medios (revista Hola ‘ad nausean’ que me llevó a cancelar mi suscripción y otras publicaciones de la misma índole y la ‘gran prensa’), es por lo que la buena actriz y buena escritora y ‘el suscrito que habla’ (decía Rojas Pinilla) se están ocupando del asunto.El librito, Elogio de la educación, es una edición bonita pasada de moda que parece diseñada por mi tía abuela Julia Cortés (quien nada tiene que ver con escribidor alguno), que consta de 121 páginas y fue publicado por Random House en 2015 y contiene las intervenciones públicas del escritor en foros varios y eventos culturales (Lima 2001, Berlín 2005, Londres y Paris 1996, Lima 1997 y Estocolmo 2010, ocasión esta última cuando recibió el bien merecido Premio Nobel).Me he de ocupar de sus conferencias y escritos autobiográficos en otra ocasión, pues ciertamente Vargas Llosa es uno de los grandes talentos contemporáneos; recuerdo haber leído La Casa Verde y La Ciudad y los Perros, hace unos 20 años. Y más adelante, Pantaleón y las Visitadoras, la Tía Julia y el escribidor (delicioso escrito), La Fiesta del Chivo, y otros.A él lo conocí en un almuerzo ofrecido por Belisario Betancur en Santillana y en el cual ocupé un lugar junto al escritor; mi emoción fue grande y me preparé para oírlo hablar de sus futuros escritos pero, ¡cruel realidad!, estaba en ese entonces en campaña política para la presidencia del Perú y solo manejamos ese tema tan aburridor que contamina mi vida desde hace 74 años, edad en que conocí los avatares de la política cuando Jorge Eliécer Gaitán nos hizo apedrear nuestra vivienda; por supuesto que por ello él nunca me gustó en vida, ni después de ella.Pero me he apartado del tema: Margarita me ganó de mano al referirse a la conferencia de Estocolmo en la cual hace un desmedido (?) elogio de su esposa de ese entonces, con la cual celebró las bodas de oro, la víspera de irse con la elegante filipina.Dijo entonces: “El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada… con la que tuve la fortuna de casarme…”. “…Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico”, etc…, etc…, etc… Innumerables elogios que pocos hombres le han hecho a su esposa 45 años después del matrimonio. ¿Era sincero? ¿Ella se volvió necia y regañona? No tengo pistas pero puede ocurrir que el problema haya sido erótico. En su libro Dos Mundo Literarios, Germán D. Carrillo escribió un artículo, ‘El erotismo en Vargas Llosa’, en el cual expresa que “el erotismo es una de las constantes temáticas en toda su obra narrativa” y da ejemplos: el despertar sexual en La Ciudad y los Perros; la “pulsión sexual de los adolescentes” y las “perversiones de todo tipo, propias de los claustros restrictivos y aislados”: zoofilia con una gallina, competencias masturbatorias y en Los Cachorros, da el nombre de Pichula al protagonista (órgano genital masculino) y por supuesto que de allí se desprende otra catarata de contenido altamente erótico; en La Casa Verde, la acción gira alrededor de una casa de prostitución y Pantaleón y las Visitadoras está calificada como la obra más erótica de Vargas Llosa. De todas maneras en La Tía Julia y en El elogio de la madrasta, el erotismo está presente por doquier.Como inocente ejemplo cita Carrillo un párrafo: “…sus labios besaban con delicadeza su carne satinada, sintiendo la granulación -¿por el frío, la incertidumbre, la aprensión, el asco o el deseo?- que la enervaba y las cálidas vaharadas que, al conjuro de las caricias”. “…Cuando sintió en la lengua, los dientes y el paladar del amante y la crespa mata de vellos y el aroma picante de sus jugos le trepó al cerebro, empezó a temblar”.¿Amor en las bodas de oro, o erotismo con la sensual ‘socialite’? como llaman a ciertas mujeres las publicaciones frívolas de España y de nuestra tierra.

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