Un guayabo positivo

Febrero 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Cuando se aleja la Navidad, siempre siento tristeza: ¿Tendré otra? ¿Volveré a ver a toda mi familia reunida rezando esa folclórica novena y cantando en español los villancicos que ahora mi nieta acompaña con su guitarra, bajo la dirección musical de mi nieto que sigue la carrera de música?Quedan, por supuesto, los siempre generosos obsequios traídos por el Niño Dios que de conformidad con la nueva tecnología, reemplaza a los reyes que de un plumazo eliminó Benedicto (¿Qué harán los niños en la Unión Europea? ¿Quedarán sólo en las manos de ‘Santa’ cuya existencia crea más dudas que las del jumento?).Un par de libros de Modiano, El Capital de Piketty, Kent Follet y Rusia, de Rutherfurd (cuarto volumen de su hasta hora trilogía de Londres, París y Nueva York) obsequio del Niño Dios por intermedio de la ‘sagrada familia’ , harán mis delicias junto con los cuatro volúmenes de Juego de Tronos, que me faltan por leer.Y así, como un pesimista amigo mío dice que toda buen acción tiene su correspondiente castigo, lo cual es en cierta medida verdadero, también ocurre que el amor por la gente de uno tiene su no buscada recompensa.Y hablando de Navidad, es el momento de hablar, ya pasado el entusiasmo de ella, del Noveno Festival de Música de Cartagena con el cual Julia Salvi y sus colaboradores han celebrado una vez más la existencia de nuestra ciudad heroica y puesto a Colombia en el panorama de la gran música; sin duda el Festival (‘Mare Nostrum’) nos quitó el mal sabor que nos dejó la muy torpe placa que el alcalde Vélez y Sabas Pretelt nos acomodaron en calidad de odioso embuchado.¿Los judíos pondrían una placa de Hitler en Auschwitz? ¿O los Españoles un monumento a José Bonaparte junto al del Quijote? En verdad me siento humillado como colombiano y no perdono a los protagonistas de tan sorprendente torpeza. Pero llega la música del mediterráneo ‘Mare Nostrum’ que llamaban los romanos. Volvemos a respirar, pese al susto que nos metió la presencia en Bolívar del dañoso zancudo el cual tal vez, huyendo del noble repertorio que era rechazo a la maldad, no causó mayores daños a la apretada concurrencia que gozó (gozamos) de una semana maravillosa que también nos preparó para otro año con Santos como Jefe de Estado y nulo como Jefe de Gobierno, por lo cual designó a Néstor Humberto Martínez para reemplazarlo sin que su filiación samperista le hubiese molestado para nada pese a que el mismo Juan Manuel encabezó ataques y conjuras contra el expresidente e incurrió en bellaquerías sin fin pero que no le impiden ahora querer a Cristo (el de Santander), el entonces mano derecha de Ernesto y a muchos otros.Va siendo tiempo de que Colombia, y especialmente Cartagena, vayan pensando -como lo han hecho las ciudades de Verona, Salzburgo, Sídney, Lucerna y otras ciudades que arropan a magníficos festivales- como se ha de garantizar la continuidad de este espectáculo que tiene vocación de eternidad, mucho más allá de Julia Salvi y de quienes hemos estado a su lado por tantos años.Sobraría decir que la construcción de un auditorio apropiado sería el primer paso en la dirección correcta de la promoción de la cultura en el país y que complementaria otros esfuerzos como el Plan Batuta y el impulso a nivel municipal de la música, que mitiga las angustias y civiliza a nuestros compatriotas tan proclives a la violencia, especialmente contra mujeres y niños.El apoyo del sector privado, generoso como lo ha sido, hace parte de la función social de las empresas; ¡No lo olviden!

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