Un cumpleaños y otros temas

Abril 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Hoy, 12 de abril, mi padre cumpliría 107 años y se completan 7 desde cuando en 2008 y para conmemorar el centenario de su nacimiento, el Congreso aprobó una ley de Honores que en buena parte no se ha cumplido.Yo no participé para nada en la redacción de la norma ni en el proceso de su aprobación: Álvaro Uribe me excluyó groseramente y tal vez por sugerencia o intriga de alguno de mis indignos parientes; por otro lado la Comisión designada por el Presidente para el desarrollo de la Ley fue presidida por Belisario Betancur (padre del en ese entonces nombrado Embajador en Australia) quien no fue capaz de enderezar el entuerto y dócil, y ojalá avergonzado, cumplió el encargo.Bien, yo y por mi cuenta, organice otras celebraciones en memoria de uno de los mejores presidentes que este país haya tenido y a quien me gustaría ver hoy ejerciendo el cargo en reemplazo del ejecutivo timorato que nos hace sentir inseguros; mi padre no jugaba golf y mucho menos póker, sino que estudiaba y trabajaba. La población lo respetaba y sabía que no era un contemporalizador en búsqueda de condecoraciones, y eso que lo digan las huestes rojistas que corrieron a ocultarse el 19 de abril de 1970 cuando preparaban una parodia -tal vez incendiaria- como la del 9 de abril de 1948.Este país necesita mano dura pero dirigida con inteligencia y grandes conocimientos; creo que no estaría él haciendo gran escándalo por la situación de la economía, seguido de otra aclaración del ministro candidato a la Presidencia en 2018 diciendo que estamos bien y que la caída de los precios del petróleo nos ha “más bien beneficiado”. Qué caterva de incapaces compone la estructura del Estado y ojalá no lleve a la buena gente de Colombia a una catástrofe.Regresando a la ley de Honores yo, que velé por su cumplimiento más que Belisario y que el vicepresidente, alcancé a dirigir la parte final de la estatua que está en la Avenida Jiménez (¿por qué allí?) que no conozco y desde hace varios años he venido atendiendo las llamadas telefónicas del Director de la Escuela Superior de Administración Pública, designado por la ley para contratar la biografía de Carlos Lleras Restrepo; le expliqué yo que ningún colombiano estaba capacitado para ello por múltiples razones que no es del caso enumerar ahora, y le dí los nombres de los biógrafos, historiadores ellos, que podrían hacerlo con imparcialidad y buena conciencia. El Director fue cambiado hace poco y trataré de hablar con su reemplazo para ver que se cumpla la ley de la mejor manera. La último que yo recuerdo ahora es que la ley ordenó que cualquier otro billete que se imprima debe (tiene que) llevar la efigie de Lleras y así lo ha dejado claro el Gerente del Banco de la República.Risa me causó comprobar que la maldad permanece como fétido residuo en los lugares donde se practica. Y es así como en un editorial del Nuevo Siglo, que está constantemente criticando lo que sus cercanos denominan ‘santismo’ (de Eduardo Santos), que no es más que velar para que en forma pacífica se cumpla la ley, en el mismo ejemplar donde vuelven con la idiotez de siempre que llevó al país a la violencia de 1947 a 1957, comienzan a proponernos veladamente que no se aplique la ley y que en lugar de un “expresidente de hace años” se ponga en los billetes a un Premio Nobel auncuando se viole aquella. Dignos herederos ideológicos del fundador del diario donde parecen seguir refugiados los anti-santistas y anti-lleristas de siempre. Sea esta la ocasión de recordar una vez más que la Alcaldía de Bogotá –nuestra ciudad de origen desde hace 200 años y fuerte lleristas de Colombia- nunca ha definido con precisión la calle que debe llevar el nombre de Carlos Lleras Restrepo y que una placa solitaria y escondida que ha cambiado de lugar tres veces me dicen que se encuentra en algún lugar alrededor de la calle 90; vaya Dios a saber.

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