Un artículo, un músico y algunos libros

Un artículo, un músico y algunos libros

Septiembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Un amigo de mucha confianza me dijo enfáticamente que no le había gustado mi nota del 11 de septiembre que denominé ‘Fanfarrón’ y me acusó de haberme rebajado al nivel de los políticos colombianos, corriendo el peligro de que la gente pensara que yo había ingresado a las filas uribistas.Craso error: releí mi artículo este fin de semana y respecto de él, sólo para calmar a mis críticos, aclaro que el perfil de J.M. Santos no tiene nada que ver con votar ‘No’ o ‘Sí’ pues no se trata de entrar al muy difícil campo de analizar el documento que pocas personas (unas 10 no negociadores) entienden y han detectado los serios peligros que surgen de esas 279 páginas, lo que hace aún más oscuro el futuro a corto y mediano plazo, de modo que participaremos en un evento electoral con efectos: las mujeres, que son el 57% del país (digamos unas 24 millones votarán por el ‘Sí’ por razones puramente maternales y sin importarles nada la tan promocionada paz; los campesinos seguirán el mismo camino pues tampoco pueden leer ni menos aún entender, el famoso y críptico Acuerdo y eso nos lleva a un dividido porcentaje de 32 millones, es decir que para Uribe y los independientes quedan sólo 16 millones.Estas cifras están calculadas sobre la población total de Colombia pero no es difícil trasladarla a la realidad del censo electoral, unos 28 millones según datos de la Registraduría.Hoy se ha escrito imparcialmente sobre política que no tienen nada que ver con Santos pero él merecía una radiografía pues será el responsable de que el acuerdo se desarrolle como los negociadores de buena fe del gobierno no planearon, exceptuando todo lo que se incluyó durante los últimos 15 días, para lo cual dejaron por fuera de las negociaciones finales a De la Calle y a Jaramillo: ¿Qué micos le colgaron a los negociadores gubernamentales?Dejemos pues este aburrido asunto y hablemos de otras cosas más amables y menos prosaicas.***¿Cuál es el nuevo músico anunciado? Uno de cuya existencia yo nada sabía y, por ende no había escuchado ninguna de sus composiciones. Como presumo que a otros paisanos les sorprendería se trata del hijo del gran Mozart, quien murió joven y varios años después de su ilustre padre.Tiene el joven Mozart algunas sinfonías y unos conciertos para piano y orquesta, pero tanto aquel como los dos siguientes desaparecieron pronto del repertorio mundial hasta que ahora otra magnífica colección de hiperión grabó dos conciertos para piano y orquesta.El pobre Mozart no sabía en que se metía: prontamente los diarios y la gente, impertinente que abunda y los críticos de música, encontraron que era una copia floja de su padre. Esto de ser hijo de padre importante hay que saberlo manejar y nunca, nunca tratar de imitarlo.***Vamos por último a citar algunos libros escogidos de una larga lista de mis lecturas de este año y que debían ser de interés para tanto montón de congresistas y políticos, que generalmente poco leen.Veamos, pues, algunas obras imprescindibles:Sociabilidad, religión y política en la definición de la nación, de Gilberto Loaiza Cano obra apasionante que nos ilustra por primera vez sobre el nacimiento de los partidos y sobre su desarrollo a partir de las numerosas formas de creación que surgieron en el Siglo XIX y que, para mí, son más sólidas que esos esqueletos que son los partidos y movimientos.Estos últimos fueron un invento de Álvaro Gómez que yo apoyé pues ambos queríamos ‘castigar’ a unos políticos corruptos e inútiles que se habían aprovechado del país. Por supuesto no sirvió de nada.El autor nos lleva a los años treinta del Siglo XIX y hasta 1886 con una política influida por todo tipo de clubes, asociaciones económicas, logias masónicas, sociedades bíblicas, filantrópicos, bíblicos, de amigos del país, literarios, etc…Para terminar, por ahora, otra pequeña obra editada por el Caro y Cuervo: Cartas a Mirjam y Raphael, Regreso y vuelta a casa, crónica autobiográfica de Thomas Chaimowicz con una estupenda nota introductoria de Rudolf Hommes.

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