¡Traición!

¡Traición!

Septiembre 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

He sido partidario y amigo del proceso de paz, tal y como lo planteó el Presidente desde un comienzo y estoy siguiendo su desarrollo día a día; pensé siempre que su compromiso con personas en mi misma posición no tendría y no podrían tener cambio alguno.Pero con Santos no se puede tener seguridad en nada pues ahora parece que pagará cualquier precio por mejorar su imagen y sacar su reelección al costo que sea. Naturalmente este segundo Santos corresponde más y mejor al que yo siempre he conocido y en el cual, pensé y acerté, no se puede confiar para nada.Ahora, recuperado de mi frustrada esperanza de que fuera -siquiera a ratos- un patriota, me siento traicionado por no haber aprendido en tantos años a confiar en mi inicial y fundamentada opinión sobre cierta gente.En efecto, Santos ha traicionado mi confianza (lo cual a él le importa un pito) y está dejando salir a la superficie el manzanillo, politiquero y desleal personaje que siempre ha sido.¿Cómo es posible que después de criticar los valerosos intentos de Pastrana con sus conversaciones del Caguán, y habiendo considerado que las conversaciones en busca de un acuerdo de pacificación no se deberían adelantar en Colombia y solo por personas designadas por el Presidente de la República, por ser su función excluyente, sale ahora a aceptar que nuestra descolorida clase política se ‘caguanice’ La Habana? ¿Por qué, entonces, tienen que reunirse en ese país las Farc y los congresistas, y porque no, los gremios, los sindicatos, los terratenientes, los Rastrojos, los parapolíticos y otras especies que contaminan el medio ambiente?Los viajes se harán pagados por todos nosotros, y tal vez los cubanos los lleven (si se portan bien) al Tropicana a aprender a bailar el danzón y, ya estando allá, podrían pasar un fin de semana en Varadero, antigua propiedad de los Dupont.¡Qué vagabundería de Santos! ¡Qué falta de decoro de los partidos políticos pero, es obvio, que de Cristo (el malo) nada puede esperarse y de Simón Gaviria, poco. La dignidad escasea junto con muchas otras cualidades que antaño hacían de Colombia un país respetable, no una republiqueta de segunda, como lo he venido comentando.Después de este engaño -mentiroso por esencia- ya nada me sorprenderá de Santos; seguramente lo veré retratado en Conde Nest como el presidente de las repúblicas bananeras que más ha impulsado el turismo, de lejos, y ello para no quedarse atrás de Vogue.¿Cómo será la pelea para viajar al Caguán del Caribe? ¿Irán más de la U, menos liberales y más lagartos conservadores que de costumbre? ¿Qué hará la Comisión Negociadora del gobierno, dejarse arrastrar a conversaciones que dañarán lo ya hecho, abrir una nueva agenda y luego consultar personalmente con los partidos cómo adelantar las conversaciones?Si la Alcaldía de Bogotá hizo público su apoyo al paro de maestros, ¿por qué los congresistas no pueden interferir las conversaciones en esta avanzada etapa?La gente digna no obra así: el presidente no viola su palabra; los políticos no fuerzan su participación en las negociaciones; los negociadores renuncian. Todo esto, por supuesto, cuando la gente tiene clara su posición moral y ética, lo cual aquí no parece ser el caso.

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