Toros: ¿Sacrificio o deporte cruel?

Enero 02, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Desde cuando en Cataluña prohibieron las corridas de toros y en Colombia fracasó una tentativa en igual sentido, he querido escribir sobre el tema, no porque sea un taurófilo desenfrenado sino porque soy buen lector y me ha llamado la atención que ninguna de las partes en conflicto hubiese recurrido al libro de Andrés y Carlos Holguín, de 1966, sobre ‘Cultos religiosos y corridas de toros’.Este par de amigo queridos, brillantes y cultos y de quienes conservo el recuerdo de veladas magníficas en Sasaima o de conferencias en el Muro Blanco sabían mucho de todo y ambos dominaban la historia y la cultura desde los lejanos tiempos (Egipto, China) y muy especialmente de las griegas.Dice Andrés en el primer capitulo de la publicación que bautizó 'Dos cultos mediterráneos', que en la cuenca de este mar “de España a Francia, de Italia a Grecia, de la antigua Jonia a Palestina y Egipto, es decir, en las franjas costeras de Europa, Asia menor y África, hay dos cultos comunes que, como siguiendo una ley misteriosa, constituyen una costumbre general e inveterada. Tales cultos son el de la viña, como símbolo de la fertilidad de los campos y del poder creador de la naturaleza, y el del toro, animal sagrado por excelencia, símbolo también de fecundidad, de vida y de poderío generador.El toro y la viña están, así, íntimamente ligados a las religiones más antiguas de aquellas extensas zonas mediterráneas. Planta y animal sagrado, el toro y la vid fueron objeto, desde tiempos inmemoriales, de extraños y alucinantes cultos”.¡Qué hermosa introducción al tema que nos lleva al segundo capítulo: 'El toro, animal sagrado'!Ya vamos viendo todo lo que dejaron de lado ganaderos y matadores, aficionados y profesionales; sigamos, pues, prestándoles 'la muleta'.“El culto del toro es el resultado de pensar que se trata de un animal sagrado, identificado con la divinidad" y los autores nos llevan brillantemente a Creta, unos 4.000 años a.C., donde los frescos que aún se conservan dan testimonio de que el toro era la figura central de las ceremonias religiosas en las cuales eran sacrificados en honor de la diosa de Cnossos.Los enemigos de esta tesis sostienen que sólo se trata de un deporte secular y profano pero, agregan los Holguín, ¿Se opone ello a que tuvieran un origen religioso? La leyenda del minotauro refuerza las tesis religiosas y nos enseña una tremenda leyenda: Poseidón hace del toro un animal bravo e induce a la esposa del rey Minos a enamorarse profundamente del animal hasta que, disfrazada de vaca, logra la erótica unión con éste. En Asiria el toro fue divinizado, nos recuerdan los autores y era representado con le rostro de un ser humano “señal inequívoca de carácter sagrado”. Lo mismo ocurrió en Egipto (Apis), sin contar con que Zeus, encarnado en toro, roba a la ninfa Europa. Por su parte Homero “se refiere reiteradamente al sacrificio del toro, tanto en la Odisea como en la Iliada”.Nos haríamos interminables recorriendo las 100 ó más páginas de la obra que comentamos con escritos como 'La caza del toro salvaje', 'La danza ritual', 'El circo romano','El torneo caballeresco', 'La tauromaquia y el culto religioso', 'El reto de la corrida' con su magnífica aproximación al Sacrificio de la Misa, 'La condena de la tauromaquia' por parte de Pio V y por Sixto V y un breve capítulo sobre 'Los toros en Santa Fe'.Los análisis de 'La corrida de toros' son magistrales y nos llevan a uno de los más interesantes capítulos de la obra: ‘Otros elementos religiosos de la corrida’. Dejemos esta breve y congestionada reseña para que los defensores de las corridas ilustren a los detractores, a los magistrados, al Procurador y a tanto godo que resurge ahora de las críticas al nuevo Frente Nacional y del chantaje al Presidente de la actual coalición de gobierno.Todo esto obviamente, en época de ferias (Cali, Manizales) y de la temporada de Bogotá.

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