TLC: ¿Desarrollo o catástrofe?

Noviembre 20, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Desde cuando escribí mi tesis de grado, hace ya muchos años, he sostenido que los tratados de comercio entre los pobres y los ricos deben ser asimétricos, como lo era el Atpdea; la simetría sólo beneficia a los ricos que tienen mejores condiciones para competir y para subsidiar como ocurre en el caso de la agricultura en los Estados Unidos y la Unión Europea, o de los automóviles en Corea.En el caso de Colombia, entre otras cosas graves, existe el hecho conocido de que vivimos con Atpdea desde la década de los 90, y ya cuando yo estaba en la Embajada (1995) comenzamos a hablar con la Representante de Comercio, Embajadora Barshefsky, de la necesidad de profundizar las relaciones comerciales; en esos momentos existía el Nafta y, por cierto, la crisis de la economía mexicana obligó al gobierno americano a efectuar un veloz rescate con préstamos de cerca de US$80.000 millones. En aquel entonces se me dijo que el primer tratado que se firmaría sería con Chile, que ya estaba en cola y que luego se consideraría la situación con Colombia.Como anécdota, para todos los periodistas y columnistas que tanto me atacaron -en su ignorancia vencible, pero no vencida- les cuento que uno de los argumentos que uso México (según me lo narró el Embajador), para evitar la descertificación de 1996 que por falta de otro candidato le cayó de rebote a Colombia, fue el de que ese ‘castigo’ podría impedirles el pago de los US$80.000 millones del crédito de contingencia y mantener la vigilancia en la frontera con los Estados Unidos; por ello el embajador Silva Herzog, con notable anticipación y después de la visita a Estados Unidos del canciller Gurria, me anticipó que según el Departamento de Estado la lucha contra el narcotráfico exigía, a falta de México, una víctima propiciatoria que obviamente no podía ser otra que Colombia.El grave descuido de los sucesivos gobiernos llevó a que después de 16 años de haber yo planteado el tema, no se hubiera aprobado una política tendiente a subsanar las falencias de nuestra estructura comercial y, peor aún, que desde cuando se inició la discusión del TLC, hace seis años, tampoco.De esta manera, y como si fuera una sorpresa (!) el gobierno americano aprobó el tratado y está cundiendo el pánico. Los líderes gremiales y los grandes ‘cacaos’ colombianos revelaron que Colombia no está preparada para el libre comercio, pues si bien Álvaro Uribe les había facilitado ir a sus fincas, no les facilitó mover sus importaciones y exportaciones porque, supongo, que ni al Presidente ni a su Ministro de Obras Públicas, les interesaba ese tema que ahora surge como uno de los peores escollos, no por cuenta sólo del TLC sino del invierno que ha puesto en evidencia la pobreza de nuestra infraestructura.Hace 8 años el entusiasmo para negociar era enorme; hoy que hay que enfrentar al monstruo, ya no lo es y los industriales comenzaron a pedir subsidios al gobierno y los agricultores a recordar los enormes que se dan en Estados Unidos a sus homólogos, incluyendo aquellos que estimulan la no siembra, de modo que tocará construir hoteles en los parques naturales para crear empleo, pues ni la minería ni el petróleo lo generan, las inversiones en industria manufacturera se dan para comprar empresas, no para crear nuevas y, por supuesto, falta estudiar cómo se compensará la ruina de las pymes, que ya se avizora y que a los neoliberales les importa un bledo, pues quienes no son competitivos deben ‘desaparecer’, dicen ellos.Agreguemos el deterioro del orden público por el mal manejo que se dio al tema y a la inevitable permanencia del narcotráfico a la cual se suma la horrenda corrupción que este gobierno heredó. Estamos en la Colombia inmortal, que alababa el general Rojas Pinilla, con esas palabras.

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