Sueños Irrealizables

Sueños Irrealizables

Julio 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

La otra noche tuve un sueño largo que me llenó de efímeras satisfacciones. En efecto, en ejercicio del poder que siempre me fue negado, tomaba medidas extraordinarias para ponerle coto al desorden, la corrupción y la violencia, y todo ello con base en el más severo ejercicio de la autoridad de la Fuerza Pública y con un nuevo sistema carcelario.Lo primero fue devolver la confianza y el respeto a la Fuerza Pública y diseñar con eficacia y dureza los límites del ejercicio de la autoridad armada. En efecto, se incrementaba el uso de las armas sin peligro de que quienes así procedieran fueran a parar a la cárcel; así como a la guerrilla se le van a perdonar tantos crímenes, a la Fuerza Pública hay que aumentarle la capacidad bélica y no volver delito el ejercicio de su misión, que es la defensa de la gente de bien.Por supuesto, había un severo control del falso positivo y otros abusos que dejarían de cometerse si los miembros de la Fuerza Pública supieran, como sabrían, que acabarían compartiendo cárcel con los bandoleros que nos tienen aburridos y que al caer prisioneros son devueltos a la comunidad por jueces prevaricadores, ignorantes o cómplices intelectuales de los delincuentes.Se restringiría el uso de la casa cárcel para los reconocidos delincuentes y los jueces, todos salvo los de las Altas Cortes, no podrían disponer de la suerte de los delincuentes sin una previa y seria investigación. Estar soltando bandidos o dándoles la casa por cárcel llevaría a los mismos jueces, sin demora, a las colonias penales donde, entonces, si se encontrarían con los frustrados beneficiarios de su corrupción e ignorancia.En lugar de cárceles urbanas congestionadas habría decenas de hectáreas en zonas remotas en donde se abrirían instalaciones para los condenados, que no tendrían celulares ni cualquier otro medio de comunicación ni, por supuesto, televisión ni premio alguno que esa canalla no merece. A las mismas cárceles irían los que antes de que se vistieran como zarrapastrosos se llamaban criminales de cuello blanco; los caminos veredales y la mayor producción agrícola sentirían los beneficios de la nueva Colombia.Los pederastas (curas o no) y todos los que abusaran de menores (de 18 años) de mujeres indefensas tendrían penas hasta de 60 años de cárcel, no rebajables por motivo alguno antes de 30 bien cumplidos.Por cierto, la mayoría de las penas no admitirían rebaja alguna por haber colaborado con las investigaciones, tal rebaja sólo se reflejaría en la calidad de la colonia penal a donde iría el ‘chivato’ a pagar su delito.Colombia no es, pero debería ser, un Singapur aún más severo, sin pena de muerte si eso quieren los ciudadanos, pero suficientemente duro para hacer pensar a los futuros y actuales delincuentes en qué podría ocurrirles a guerrilleros, bacrim, narcos, mercaderes de seres humanos, amenazadores de la vida, honra y bienes de los colombianos de bien.Por supuesto que algo así posiblemente no se verá en un país de flojos pero bueno y útil es pensar que no estaríamos en las que estamos si hubiésemos construido un poder institucional fuerte y temido que en el pasado existió en varios momentos, no sólo en el Siglo XIX sino en el XX.Yo ya no veré nada semejante pero es posible que llegue el día en que un país inviable tenga que tomar medidas a favor de sus habitantes honestos. Confío en que mis hijos y mis nietos lo vean y lo vivan.

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