Simón el bobito y otros apuntes

Julio 11, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Siempre que leo las estadísticas de criminalidad urbana crecientes mes tras mes en todas las ciudades de Colombia, me viene a la memoria Rafael Pombo y uno de sus más populares cuentos, el de ‘Simón el bobito’ que para guardar un montículo de tierra abría un hueco y lo echaba allí.En efecto, la seguridad democrática de Uribe no logró acabar con el desplazamiento de los campesinos, garantizó, eso sí, que la gente acomodada pudiese ir por carretera a sus fincas y dejó que la inseguridad se trasladase a Bogotá, Cali, Medellín y otros lugares: abrió un hueco y echó la tierra allí. Lo anterior no molesta a los ricos, puesto que en las ciudades salen rodeados de carros blindados y guardaespaldas mientras que el ciudadano de la calle es víctima de atracos y homicidios; ¿Cuál es ahora la disculpa? ¿Por qué los habitantes de las ciudades tienen que salir a homenajear al autor de una política de inseguridad urbana? Si así fuere, ¿de qué se quejan?Y entre todos los descuidos y las fallas del aparato de seguridad me ha llamado la atención que una mujer habitante de Ciudad Bolívar se hubiese infiltrado en un cuartel del Ejército y hubiese permanecido allí como tres meses sin ser descubierta, es decir, entrando y saliendo como Pedro por su casa, lo cual es más grave que las pinchadas.He de suponer que la guerrilla ha puesto su gente en los cuarteles y si no se le había ocurrido hacerlo, se le va a ocurrir ahora, yo, de ellos, tendría varios miembros de la Farc desde hace semanas en los cuarteles de la Fuerza Pública, en todos y en todo el país, lo cual explicaría numerosos hechos que se han ya presentado en Colombia sin haber tenido explicación alguna. Y esta vez, ¿a quién van a destituir y a echarle la culpa? Lea el último capítulo.En este mismo sentido es maravilloso leer que un ucraniano se infiltró en las Farc y ayudó a nuestros soldados de Colombia a poner presos a doce guerrilleros. No es raro en este país abandonado por el Sagrado Corazón que tanto ha manoseado Uribe en ocho años de Himno Nacional con la mano al pecho, que El Tiempo haya publicado la historia del ucraniano con fotografías y todo para facilitar a la guerrilla, supongo, que lo mate, bien por la chiva, esta sí de verdad, pues la de la mujer soldado de la primera página del domingo pasado era un refrito de dos o tres días.Y ya que me refiero a mi cuidadosa lectura dominical de las varias publicaciones, he de decir que me entristeció que mi viejo y admirado amigo el padre Llano cayera en el cuento ya desacreditado de que por qué se acusa a los curas de pederastas cuando en Colombia (y en el mundo, agrego yo) hay tantos padres (patris) y hermanos (fratres) incestuosos, la respuesta es obvia: por la misma razón que le caeríamos encima a los médicos que asesinaren a sus pacientes o a los abogados que engañaren a sus clientes, esto es, a quienes ejercen su profesión u oficio violando sus juramentos de fidelidad y abusando de su poder.Al hacer conciencia de todo lo que desapareció en Colombia he visto con pesar que nuestra flor insignia, la Catleya Trianae, está en vía de extinción, y esto no sólo ofende mis sentimientos de ambientalista de vieja data, sino mi orgullo familiar.En efecto ‘Trianae’ es el dativo de Triana, que es el apellido de mi tatarabuela y de su hermano ‘El Sabio’, botánico erudito, quien descubrió y clasificó la Catleya, no recuerdo bien si cuando trabajó con Agustín Codazzi (casado con su sobrina Rosario Lleras Triana) en la Comisión Corográfica o en sus otras investigaciones que lo llevaron a ejercer en Londres y en París, donde aún queda numerosa descendencia suya y en donde recibió numerosas distinciones como el gran botánico que fue.Naturalmente que en un país amnésico nadie se acuerda de don José Jerónimo Triana Silva, de la misma manera que se han olvidado de sus sobrinos nieto y bisnieto, Alberto y Carlos Lleras, presidentes de la República y ahora le preguntan a uno -como ya lo he mencionado- cómo se escribe Lleras.

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