Se acaba el año

Junio 09, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Y se acabará cronológicamente pronto y para mí respecto de mi programa de lectura y de quienes lo hayan encontrado atractivo.Pienso, sin embargo, que las obras desfavorecidas podrán copar la primera mitad de 2014 pero, como ya regresaron a mi biblioteca, pasaré rápidamente por ellas para quienes quieran asegurar su inmediata disponibilidad.Creo conveniente iniciar por la Ética para Náufragos de Marina y continuar con sus otros dos libros: La Pasión del Poder y Los Sueños de la Razón y pasar rápidamente a Pérez Reverte, El Tango de la Guardia Vieja.Regresamos a las cosas serias como Porqué Fracasaron los Países de Acemoglu y Robinson y a Churchill y su Historia de los Pueblos de Habla Inglesa.Hacemos un paréntesis para felicitar al Club de Abogados que está publicando interesantes obras de derecho, unas nuevas y otras reeditadas como los dos volúmenes de Pruebas de Antonio Rocha, los cuales me excusé de leer pues fue mi profesor de derecho comercial cuando Hernando Morales nos dictaba pruebas en el Rosario, materia que he tenido que aplicar como árbitro durante años.Para balancear a Churchill, podemos continuar con El Imperio Español de Hugh Thomas.Yo, por supuesto, creo que ya estaremos en 2014 que puede ofrecer, en sus inicios, el delicioso libro Los Hijos de los Días en el cual el uruguayo Eduardo Galeano nos cuenta una historia buenísima, o desarrolla una idea en 20 líneas, para cada día del año, 365 en total; creo que todos los encontraran de gran amenidad.Con Hormigon, de Thomas Richard damos un brusco salto a un drama que arranca con una investigación sobre Félix Mendelssohn y su hermana, pero no hay que entusiasmar a los musicólogos pues ese no acaba siendo el tema de la obra.Escuchar la Razón de Michael P. Steinberg nos devuelve al mundo serio y allí permanecemos con dos excelentes libros de Martín Alonso Pinzón, expolítico, escritor y conocedor de lo divino y lo humano; sus historias narradas con gran amenidad, y lo comprobé en Chile hace poco cuando, en una cena, acabo contando a un grupo de chilenos las maravillosas anécdotas de ese país, que poco conocían los contertulios.La vida de Florentino González, el primer neoliberal de Colombia, es bien interesante pues fue él economista, político, periodista y santandersista a ultranza; en varios de esos campos se encontró con mi tatarabuelo Lleras. Andrés Bello, a quien debemos la aplaudida traducción del código napoleónico, era venezolano de nacimiento pero pasó buena parte de su vida en Chile, país para el cual redactó el Código Civil que más tarde llegó al nuestro; su biografía es bastante desconocida.Cuando tanto bobo y desocupado criticaba no hace mucho los bellísimos artículo sobre las abejas, o las palomas no sabe, naturalmente, que estamos hablando del Siglo XIX y del Código de Napoleón y de que sí, puede ocurrir que una persona deshonesta se robe las abejas del vecino.Sería bueno que ya como ejercicio literario de escribir bien y de hacer en un contexto jurídico una obra de arte, se usaran de ejemplo en una clase de español no sólo aquellos artículos sino muchos más como el del aluvión y otros semejantes en los cuales pensamos cuando vemos con horror la mala redacción y la dañosa imprecisión de las leyes que ‘vomita’ el Congreso.

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