Reseñar, leer y comentar

Reseñar, leer y comentar

Enero 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Por allá en los años 50, Jaime Duarte French -entonces director de la Biblioteca Luis Ángel Arango- me pidió que colaborara reseñando libros para el Boletín Bibliográfico y Cultural, cosa que hice por unos pocos años y recibí, por columna, unos 50 o 100 pesos que fortalecieron grandemente mis magros ingresos.Reseñar no implica leer todo un libro sino ojearlo, conocer el autor y rescatar tres o cuatro aspectos importantes. Ahora ya no reseño sino que leo y comento, de manera que aquellos libros que menciono en estos escritos han sido leídos en su totalidad y yo me limito a recomendarlos o no, confiando, eso sí, en que ello facilite la escogencia de lecturas y, por supuesto, que algunos lectores compren las obras recomendadas.¿Será todo esto puro optimismo? ¡Ojalá no! Regresando a esta especie de sistema de divulgación, seguiré por varias semanas cumpliendo la obligación que me lleva a ello.‘La baronesa del circo Atayde’ de Jorge Eliecer Pardo es una novela mediocre -por decir lo menos-. La compré por esos trucos que la memoria usa para devolvernos a la dimensión verdadera de los recuerdos de la niñez. Cuando yo era niño, y años tras años, venía a Bogotá el Circo Atayde: tenía animales, hoy políticamente incorrecto, payasos y trapecistas: Creo que era el mejor de su época auncuando la pobreza de nuestros circos sólo la conocí cuando vi en Florida el Barnum con sus tres pistas, la pelea de indios y vaqueros y soldados (también incorrecta), los elefantes, etc… Ese recuerdo repito, me llevó al libro, que leí con cierta fatiga.Pérez-Reverte regresa con otra obra voluminosa (unas 900 páginas) interesante auncuando no hubiera perdido nada de haberle recortado 300. Se trata del asedio de Cádiz por los franceses y los españoles bonapartistas, obviamente en el reinado del llamado ‘Pepe Botellas’. Precisamente se titula ‘Asedio’ y es una novela de suspenso histórico y simultáneamente policiaco. Divertida de leer e instructiva, algo cansa por lo innecesariamente extensa. Para lingüistas debo recomendar la magnífica obra de Simón Winchester (A Tale of Murder, Insanity, and the Making of the Oxford English Dictionary) que llamaríamos, echando el cuento en español, ‘Cómo se hizo el Oxford Dictionary’.Recordemos que los anglosajones no tiene diccionario sino que van absorbiendo las palabras que les son útiles o necesarias; tampoco tienen academias que filtren el crecimiento del lenguaje ni que hagan casi obligatorio sólo usar las palabras aceptadas por la entidad e incluidas en el diccionario de cada país de habla española. En la Academia Española se hace la cortesía de escoger algunas palabras típicas, casi siempre con el significado que no tienen.La Academia Colombiana está cada vez más borrada y envejecida: no se la oye proponer ni opinar, no tiene unos minutos (que conseguiría gratis) en los canales de televisión para explicar el uso de ciertas palabras y, en ocasiones, la ortografía.Por el contrario los franceses (ver Tv 5) disponen de tres minutos varias veces en el día para resolver consultas e ilustrar a los lectores y periodistas.Realmente es el Instituto Caro y Cuervo, del brazo del Instituto Cervantes y ahora con el apoyo de su Asociación de Amigos, el que se viene ocupando del idioma.Pues bien el libro de Winchester es un prodigio de paciente investigación y deja en claro, una vez más, que el Diccionario no tiene nada que ver con el Estado ni el gobierno. La historia es sorprendente y cautivadora: se pide al mundo anglosajón (en su época, a los países de la Comunidad Británica) que envíen listas de las palabras que usan en cada jurisdicción de votación y ¡Oh sorpresa! Hay un antiguo y distinguido académico que lleva más de 30 años recluido en un asilo de alienados y que ha cometido, además, un homicidio; él es quien envía más de 40.000 palabras explicadas con una técnica que nos recuerda el diccionario de Cuervo.No cuento más, pero léanlo tanto los amigos como los enemigos del idioma oficial.

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