¿Reforma social o agraria?

Septiembre 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Preguntaba algún columnista de El Nuevo Siglo hace un par de semanas si lo que se requería ahora era simplemente distribuir tierras recuperadas de los paramilitares, los narcos y los inescrupulosos terratenientes que durante toda nuestra historia republicana aprovecharon las guerras y la violencia política, en general, para hacer crecer sus propiedades, o el gobierno tenía en mente aplicar un esquema propio de una reforma social que en los años 60 se adelantó, como ya lo hemos dicho, con fundamento en los distritos de riego y los trabajos de avenamiento y también con la expropiación sin indemnización para adelantar grandes proyectos de interés social, o con indemnización pagadera con bonos de bajo interés a 20 años, único esquema posibleLamentablemente Misael Pastrana y sus aliados y amigos terratenientes, lo mismo que el Partido Conservador y, ¡oh vergüenza! del Partido Liberal, todos de acuerdo en defender viejos privilegios o adquisiciones hechas durante la violencia de 1947 a 1957, enterraron la Reforma Agraria con el infame Pacto de Chicoral. Si mi memoria no me falla, fue en el gobierno de López Michelsen cuando se culminó la devastación al liquidar el Incora.Nunca, en país alguno, se ha podido adelantar una verdadera reforma social cuyo nacimiento y ejecución no hayan estado rodeado de los intereses privados, egoístas y culpables de más violencia y muertos de lo que los responsables creen que causaron.La Reforma fue culpable también en buena parte de la derrota de Lleras en su intento de reelección, cuando fue favorecido López Michelsen, uno de los sepultureros de aquélla. Además, creo que también afectó el intento de reelección de 1978, en beneficio de Julio Cesar Turbay, amigo de todos los terratenientes costeños.Si todo esto fuera poco el canallesco debate de un bandido y delincuente como lo era Nacho Vives, en el cual lo acompañaron activa o pasivamente los terratenientes sin distingo partidista alguno y muy seguramente Bertha Hernández de Ospina y Turbay Ayala, llevó a una crisis política de gravedad que abrió las puertas a la candidatura presidencial del dictador Rojas Pinilla, al nacimiento del M-19 y al debilitamiento del gobierno que pese a ello, sigue siendo uno de los mejores de nuestra vida republicana. Me complace de verdad que algunos miembros de esas familias insensatas estén hoy presos o vayan a estarlo por alianzas con los paramilitares que se sostuvieron con la ayuda voluntaria y entusiasta de los terratenientes.Yo, que fui víctima de esa canallada, traté de adelantar una candidatura presidencial en 1997 y fui ruidosamente derrotado; recuerdo bien que en una reunión en casa de un querido amigo en la cual se buscaba conseguir ayuda para financiar la campaña, se me preguntó si yo adelantaría una reforma agraria a lo cual respondí, en forma entusiasta e inocente, que sí; el apoyo financiero no llegó y en 1998 fue elegido Andrés Pastrana, hijo de Misael.Es simpático e interesante ver tanta coincidencia curiosa.***Aprovecho este espacio para señalar cómo se ha inflingido una ofensa imperdonable al país y a Cali al anularse la inscripción de Rodrigo Guerrero como candidato a la alcaldía de esta ciudad. Conozco a Rodrigo desde hace muchos años, pedí su ayuda en trabajos de investigación de temas sociales por allá por los años 90, y seguí con interés su desempeño como alcalde de la ciudad. Sin lugar a dudas y en un departamento donde capea la corrupción encabezada por delincuencia común y política, es posiblemente el único candidato que garantiza plenamente una administración honesta y progresista; yo votaría por él con mucho más gusto de lo que voy a hacerlo por algún candidato aún no definido para la Alcaldía de Bogotá.

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