Rafael Uribe Uribe

Diciembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

La memoria histórica en estos países subdesarrollados suele ser amnésica; si Napoleón hubiese sido colombiano, estaría enterrado en el Cementerio Central y sería objeto de misas negras, sacrilegios de toda índole y, naturalmente, su nombre desconocido para una juventud a la cual no se le enseña historia de Colombia, y, mucho menos, la universal.La anécdota de la reina de belleza que, sin quererlo, maltrató a Mandela, es otra prueba clara de lo que estoy diciendo, a lo cual ayudan las presiones políticas y los ya repelentes ataques políticos a los próceres de la patria y a las personas que han contribuido en una u otra forma a construir el país. Los repetidos ataques de El Nuevo Siglo al general Santander -el gran prócer colombiano de la independencia- son viciosos y sólo nacen de la antipatía que Laureano Gómez le tenía. Los ataques a Nariño, nuestro prócer del año entrante, también con viciosos y su defensa se ha basado en atacar a Santander. La verdad es que estos godos malos parecen venezolanos chavistas, dignos herederos de Páez quien nunca quiso pisar territorio colombiano mientras que nosotros enviamos nuestra tropa y nuestros oficiales a combatir en Carabobo y a coronar así la independencia del vecino país cuyo precursor, Miranda, fue vergonzosamente entregado por Bolívar a los españoles.Los godos malos atacaron duramente a Uribe Uribe, una de las figuras más atractivas del liberalismo de fines del Siglo XIX y comienzos del XX, junto con el General Herrera; ahora he visto que, ya tarde, algunos conservadores no intoxicados por los historiadores y políticos de su partido, han exaltado su figura, tal vez porque le dio patente de corso a la hegemonía conservadora que nos montó Núñez con la nueva Constitución (1886) y hasta 1930.Pero veamos los extremos: tengo en mi poder la copia manuscrita del telégrafo de The Central & South American Telegraph Co. del mensaje enviado a Juan B. Tovar, antepasado de numerosos amigos míos, y general conservador en la guerra de los 1.000 días en las cual José Joaquín Casas, otro antepasado de preclaras familias amigas y con un par de parentescos familiares, en el cual textualmente dice:“Sírvase disponer que inmediatamente se juzgue a Uribe Uribe por un consejo verbal de guerra y que a la sentencia se le dé cumplimiento sin contemplación alguna. Amigo. José J. Casas”.Tovar, caballeroso oficial, no obedeció la orden de fusilar a Uribe y con ello se ganó el respeto de los colombianos.Desde muy joven conocí a 4 de los hijos de Uribe: Julián, Carlos, Tulia y Adelaida, esta última la más parecida a su padre. Algún día hablaré de ellos.Termino copiando una vez más los versos del poeta boyacense que he hecho públicos en ocasiones:“Asesinos Galarza y CarvajalQue matasteis vilmente a Rafael.Si no lo hubieseis asesinadoCómo estaría de contento, él”.Y hablando de generales liberales, el otro “poema” se refiere a Benjamín Herrera:“De luto está la liberal banderaPorque se ha muerto el general Herrera.Y si ello no fuere bastante Está muy grave el general Bustamante”.

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