¡Que los maten!

Junio 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Exponiéndome a las buenísimas caricaturas de Osuna en las cuales siempre me dibujó con un hacha en la mano en algún momento en que defendí la pena de muerte, y de ello hace ya 15 ó 20 años, tengo que retroceder en el tiempo y volver a referirme a ella, estrechamente vinculada a la calidad de las investigaciones de la Policía Judicial y a la sabiduría de fiscales y jueces.El caso de Rosa Elvira Cely acabó de convencerme de que hay monstruos que, como en esta oportunidad, se pasean libres y contentos por las calles y continúan delinquiendo; la comunidad es responsable de tal aberración.Estoy de acuerdo con Roy Barreras en que al menos hay que castrar a estos criminales, pero tal acción sólo es preventiva de nuevos delitos y ni siquiera eso: falta el castigo.Nuestro sistema carcelario es primitivo, el Inpec no debería existir y la reducción de penas no debe ser casi automática como ahora y mucho menos por haber cumplido parte de la condena o por sembrar lechuga en La Picota, o por dar lecciones (!) a sus colegas presidiarios (¿sobre delinquir mejor, como los políticos?), o por copiar libros del Internet.Todos esos vagabundos que envían a sus casas, o que tienen recreo cada tres o cuatro semanas, o que abogados igualmente vagabundos logran hacer poner en libertad por preclusión de procesos por trampas de los mismos ‘profesionales’ que se ‘enferman’, o no comparecen a tiempo, o renuncian a la defensa a favor de un calanchín o, por último, los delincuentes que tienen más de cinco entradas a las cárceles lo que implica igual número de salidas, tienen que ser castigados, y algunos, ejecutados.Y no hablemos de Medicina Legal que desde las épocas excelentes del profesor Uribe Cualla no ha hecho sino empeorar hasta llegar a contratar individuos inescrupulosos que engañan a los bobos del Estado como lo vimos hace pocos meses, o son de mala fe como en el caso de esa porquería humana que es al asesino de Rosa Elvira Cely.La Reforma de la Justicia no sirve para nada si el Estado sigue aprobando ‘facultades’ de derecho o dejando de controlar en alguna forma la calidad de los profesores y el nivel de profesionalismo y de compromiso de los egresados con las bases institucionales del derecho, tan claras a partir del Romano.Los supuestos abogados, que van a ser jueces, fiscales y profesores, tienen en su gran mayoría una pésima preparación y, lo que es peor, una carencia total de ética y moral.No habrá Justicia mientras no haya jueces y no habrá jueces mientras no haya abogados, y no habrá abogados si las llamadas universidades de garaje (que lo son aunque tengan pomposas sedes) no desaparecen. No creo yo que se deba confundir la autonomía universitaria con la vagabundería de los egresados de tantas facultades de derecho, y que como una dañina consecuencia de la falta de control (¿para qué ha servido, me pregunto, el Consejo Superior de la Judicatura?) del Estado son ratas de alcantarilla que desacreditan una noble profesión cuyo fundamento debería ser, como lo fue en el pasado, la voluntad constante y perpetua de dar a cada uno lo suyo.

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