¡Qué amigos!

¡Qué amigos!

Abril 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Colombia, especialmente después de la Cumbre tan menospreciada por nuestros criticones de siempre, fue un éxito desde muchos puntos de vista: el Presidente se apuntó un tanto, o varios, al manejar una reunión tan complicada, la Canciller, inmejorable, la señora Salas, organizadora del evento, merece los mejores elogios y su capacidad de organizar debería ser utilizada en cargos más necesarios para el país; la Fuerza Pública, tan eficiente como de costumbre; los empresarios colaboraron activamente y la gente de Cartagena, lo mismo.Da pesar la mala cobertura de la Cumbre Social, que dadas las condiciones de Sur y Centroamérica y de los países del Caribe, debería haber sido objeto de seguimiento y sus conclusiones divulgados.El BID colaboró generosamente con parte de los gastos y la cuidad resultó beneficiada con importantes obras públicas y sistemas de seguridad ciudadana.Estoy seguro, además, que los norteamericanos en general y el presidente Obama, en particular, deben haber cambiado en mucho su visión de Colombia.¿Cuáles son las críticas en la W, la Internet y el Twitter de Uribe? Que se atendió con lujo de detalles a los asistentes lo cual, según el expresidente, es un despilfarro. Este ridículo comentario no se compadece con el concepto de hospitalidad que manejamos los bogotanos y muchos colombianos, en general, que va más allá de la bandeja paisa y el tinto a caballo.Lo que se hizo, se hizo bien y yo, personalmente, me alegro del resultado, elegante y a la altura del Presidente de Colombia y del rango de los visitantes.¿Que la Cumbre fue un fracaso porque no vinieron los presidentes de Nicaragua, Venezuela y Ecuador? No hicieron falta porque si hubieran concurrido lo habrían hecho en calidad de lacayos de Raúl y Fidel Castro, o de cómplices de la Presidente de Argentina; ¿Qué no hubo acuerdos? Ese es el éxito logrado: el día que pensemos igual que los trasnochados izquierdistas del Continente, estaremos muertos.Mi opinión muy clara es que Cuba no debe ser invitada a estas reuniones, pues no pueden los presidentes de las Américas legitimar dictaduras ni de derecha ni de izquierda. En los primeros 60 años del siglo pasado tuvimos que soportar el apoyo (inclusive de Estados Unidos) a las horrendas dictaduras de Nicaragua, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Argentina, Ecuador, Perú, Bolivia, y otras.Naturalmente que Venezuela y Ecuador no han mejorado mucho en los últimos tiempos y menos aun Nicaragua, pero muchos jefes de Estado por convicción politiquera han creído que a las dictaduras hay que perdonarlas y aceptarlas; supongo que los pueblos conocen de memoria, y Colombia debe recordarla, la razón por la cual rompimos relaciones con Cuba y cómo ese gobierno y el de Nicaragua apoyaron y sostuvieron las guerrillas colombianas, especialmente después de la caída del muro de Berlín.Ahora, por supuesto, lo hace Chávez haciendo de las Farc, que se mantienen en Venezuela, una espada de Damocles que amenaza a Colombia; Ortega es otro repelente individuo que odia nuestro país porque no le hemos regalado el archipiélago de San Andrés y Correa -el de la mala leche y otrora (¡ojalá!) protector de las Farc- no es menos malo ni amenazante.El pacto secreto para sabotear la Cumbre en la forma grosera y ordinaria que caracteriza a los tres compadres, no les resultó bien y es un aviso de que a esos irresponsables no se les debe dejar manejar los asuntos políticos, económicos y sociales del Continente.La señora Kirchner se fue molesta: bien ida. Su movida de obligar a los presidentes a intervenir en un conflicto internacional que no nos compete resultó afortunadamente vana. Es como si nosotros hubiésemos llevado a Cartagena nuestro conflicto con Nicaragua.

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