Políticos en la ultramodernidad

Junio 01, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

José Antonio Marina en su excelente libro Crónica de la ultramodernidad hace consideraciones que merecen ser conocidas por nuestros estudiosos y politólogos.Dice Marina: “En muchos países democráticos está ocurriendo un fenómeno intrigante y pedagógico. Derrochamos una gran confianza en nuestro sistema político, la democracia, y una creciente desconfianza en los políticos encargados de administrarla. Parece que ya sólo esperamos a que no se escapen con el santo y la limosna”. Agrega que en la última encuesta que ha leído se señala que sólo el 29% de los ciudadanos confía en los políticos y pienso yo que lo mismo ocurre aquí después de ver los escándalos de la reciente primera vuelta y ese porcentaje podría ser mayor.Agrega Marina: “Creo que tal situación es perezosa y estúpida. Hemos adquirido el hábito del desencanto y la sospecha, que acabará funcionando como una profecía que se cumple por el hecho de anunciarlo. Si pensamos que todos los políticos son un chorizo en potencia no nos escandalizará comprobar que lo son, y hasta puede que nos regocije saber que nos habíamos equivocado”.Lo anterior, que parece ser una afortunada descripción de uno de los males que afecta nuestra democracia, lleva a una clara conclusión de aplicación, ojalá inmediata en casi todos los países latinoamericanos y, por supuesto, en el nuestro.“Me parece urgente [dice Marina] una rehabilitación, no ya de la política sino del político, para que así podamos exigirle una cierta grandeza”. Recuerda el autor que grandes intelectuales como Quevedo, Gracián, Saavedra Fajardo, escribieron “solemnes tratados sobre la educación del político” y agrega apocalípticamente: “Ahora aparece que el género adecuado sería la novela para crecer”.Por cierto que en el tema de la educación y de los encargados de transmitirla, la situación es similar: necesitamos no la rehabilitación del sistema educativo, sino de los educadores, que parecen haberse salido con la suya como consecuencia de una huelga tácticamente declarada a doce días de las elecciones; como con este reprochable y bochornoso chantaje incurrieron los agricultores (!) y otros gremios, debemos concluir que también hay que rehabilitar la política agraria para hacerla social, la política del transporte para que este servicio público sea eficaz, y “ainsi de suite” como dicen los franceses. Pero ¿Qué Presidente puede iniciar esta gran revolución que debe enderezar el norte de una pseudo-democracia inválida y desacreditada?Marina se pregunta entonces: “¿Por qué ha dejado de interesarnos la figura del gobernante?”, y responde: “En primer lugar, porque se ha convertido en funcionario de un partido, en el apéndice visible de una maquinaria compleja y dudosa. En segundo lugar, porque la democracia moderna no la griega, nace con gran desconfianza hacia el ser humano. El poder siempre es excesivo por lo que conviene establecer un sistema de control eficaz que funcione tanto si el gobernante es Dios, como si es el diablo”.La última jornada electoral demostró la verdad de estas consideraciones: ¿Quién votó por alguien que lo entusiasme y en el cual crea? Sólo los parientes de los candidatos porque ninguno puede ser el ‘gobernante’ que con inteligencia nos pone de presente Marina. Y lo peor, es que ya es tarde para mejoras: son “cosas que pasan” dice el bolero y cada vez estamos más lejos de sentirnos tranquilos.

VER COMENTARIOS
Columnistas