¡Otra vez Cartagena!

Enero 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

A muchos se nos ha vuelto parte normal de la vida la asistencia al Festival de Música de Cartagena, y de hecho, siempre es predecible saber con quiénes nos vamos a encontrar; para mí sería casi una infidelidad cambiar este destino de comienzos de año.Por cierto que pese a la anticipación con la cual planeo mis desplazamientos, la que incluye adquirir los tiquetes aéreos con por lo menos dos meses de anticipación, el año pasado traté de comprarlos en octubre, para el 6 de enero, y tuve grandes complicaciones, pues Avianca, que a semejanza de El Tiempo es cada vez menos colombiana, cambió el viejo y conocido Avianca Plus que se manejaba dentro de un ambiente casi familiar, por un sofisticado sistema de los que ahora pululan y que comparten todos la eliminación del ser humano que es reemplazado por una máquina que muchas veces no puede resolver una inquietud, cuya respuesta no fue programada.En esos momentos hay que marcar y, afortunadamente, la máquina reacciona y explica que todos los seres humanos están ocupados, pero que a usted lo quieren mucho; frente a esta declaración uno se obliga a tener el auricular en la oreja desde 5 minutos hasta 20 (un ‘call center’ me tuvo 40 minutos una noche), y después de que usted ha oído toda clase de propaganda, de música y de información le habla (¡aleluya!) una señorita que en ocasiones sabe menos que el aparato.La primera señal de vida humana es que le preguntan su nombre y de ahí en adelante lo identifican como “señor Carlos” a falta de entender “Lleras” que ha ido desapareciendo de la memoria de un país amnésico. Con varias interrupciones durante las cuales lo premian con más propaganda, logra usted llegar al punto crucial y ¡Oh horror! le explican que no le pueden resolver la pregunta si no tiene un Pin, palabra que he llegado a odiar.Y esto me ocurrió con Avianca hasta que una persona me mandó a una oficina de la empresa, donde dos señoritas oyeron mis maldiciones que incluían al señor Efromovich y a mi viejo y estimado amigo Fabio Villegas, después de lo cual me pidieron el Pin, ¡el que no había podido sacar! Mi propuesta fue usar las millas, 200.000 que tengo acumuladas y que me permitirían ir a Europa y regresar, pero no: el sistema se negó a darme los pasajes contra 10.000 millas que es lo que lleva y trae a y desde Cartagena y me exigió ¡145.000!Ante eso y pensando que a veces la inversión extranjera puede no ser tan buena cuando el ánimo de lucro es transnacional como es el caso de Planeta, que amenazó al gobierno con vender El Tiempo si no le daban el tercer canal, exigencia inaudita que ya a los Santos no les importa y supongo que por ello están cultivando a otro inversionista para que los dos principales diarios de Bogotá queden en manos de dos afortunados de la lista de Fortune. Pero regresando a las claves, que además se recomienda no tener escritas en parte alguna, que tampoco correspondan a fechas importantes para el usuario y que no sean la misma para todos los casos, debo concluir que acabaré al margen del progreso.En efecto, hoy en día ya tendría que recordar unas 12 ó 15 claves y Pin: las maletas con candado especial para que no las rompan los aduaneros norteamericanos; los Pin para conocer mi saldo bancario, o el de las tarjetas de crédito o el del fondo de cesantías; los Pin para cajeros automáticos que sólo tengo para el exterior y aquellos para hacer compras en Amazon y en otros lugares de la Web.A lo anterior agreguemos los formularios (con huella dactilar) que hay que firmar constantemente para control del narcotráfico y lavado de activos y que ningún narco ha firmado nunca, el certificado de que estoy vivo, y que el Banco Caja Social se anticipó a reemplazar por ¡un poder con presentación personal en notaría para que un tercero pueda hacer el retiro! lo cual antes se hacía con una sencilla autorización en el talonario de retiros y con presentación de la cédula del pensionado. (Bien por el banco que se niega a facilitar la vida de su forzada clientela).

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