Nos atropellan los temas

Nos atropellan los temas

Marzo 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Creo que a todo escritor y a todo columnista les ocurre lo mismo: en ocasiones, las menos, el cerebro está en blanco y genera severa angustia, y en las más no alcanza a caber el tema en el número de caracteres que con generosidad nos ha adjudicado la Dirección, en el caso de los periódicos, o la Editorial en el de los libros.El primer tema concreto se refiere a una mujer que surgió sorpresivamente en esta tierra de la mediocridad y llegó a la altura de la inteligencia pese a ser un personaje extraño, triste y solitario.Me quiero referir por segunda vez a Emma Reyes, cuyo libro nos dio a conocer su correspondencia con Germán Arciniegas que se inició en un momento especial de su vida, sorpresivamente, y del mismo modo cesó para siempre. Como lo dije en alguna ocasión, conocí a Emma Reyes en casa de mi abuelo Restrepo pues fue amiga de mis tías Elvira e Isabel Lleras. Yo estaba suficientemente joven para no haber aprovechado esa oportunidad y por ello me he absuelto a mí mismo de mi ignorancia, pero el libro que leí hace un par de años me la trajo a la memoria y ahora, en medio del trajín que conlleva el regalo o la destrucción de papeles y recuerdos de toda índole, me topé con una invitación que en su momento, 1993, recibí de Diners Club para asistir a la exposición de ‘Máscaras’, colección de acrílicos sobre papel de ¡Emma Reyes!¿Fui? ¿No fui? No lo puedo precisar después de 21 años pero esa invitación me ha permitido conocer su hoja de vida y su desarrollo como pintora a partir de 1943 y hasta el año atrás citado. Es impresionante su avasalladora actividad: exposiciones colectivas (14) entre 1960 y 1984 (Milán, París, Madrid, Roma, Alemania, Marsella otras ciudades europeas y Cali y Medellín; exposiciones individuales entre 1949 y 1993 (28) en las más prestantes galerías de Europa, Estados Unidos, Israel, Cali y Bogotá. Es interesante anotar cuán poco expuso en nuestra capital y deduzco que en ella nunca se sintió a gusto pese a haber nacido aquí, o tal vez por ello; en todo caso esa impresionante trayectoria nos permitiría suponer que fue un personaje en la vida cultural internacional y que, seguramente, pudo vivir con cierta holgura, aun cuando muchos han sostenido lo contrario. Por cierto, y para dejar el tema, si algún coleccionista quiere el original del programa, tendré el gusto de enviárselo. Entre los personajes con quienes me tope este fin de año, figura en lugar importante el presbítero Rafael de Brigard, actual párroco de la iglesia de la Inmaculada Concepción. No lo he tratado personalmente pero leo su columna semanal los domingos en el Nuevo Siglo y me congratulo de que la Iglesia Católica tenga pastores de esa talla intelectual y ese pensamiento postmoderno.Quiero referirme concretamente a la del 28 de diciembre que recorté y guardo, en la cual sostiene que la existencia de El Vaticano es una carga innecesaria para la Iglesia Católica y, además, inútil pues a la larga y desde hace siglos sólo ha servido para sostener una inútil y frecuentemente corrupta, ambiciosa e interesada burocracia formada en su gran mayoría por obispos italianos que heredaron de sus antepasados romanos innumerables vicios y defectos.Y, agrego yo (además de mi interpretación del texto original), ¿Qué tiene que ver Roma con el catolicismo? Jesús era judío y su único contacto con Roma fue Poncio Pilatos; los apóstoles eran una recua de ignorantes arameos que no podía mejorar ni el Espíritu Santo (sea lo que sea) que descendió en Pentecostés (?) después de lo cual tampoco cambio nada y, a la larga, sólo subsiste Jesús, pese a Pío Nono y a su auto calificación de portador de la verdad por medio del sistema de los “dogmas de fe” irracionales y absurdos casi siempre, que nos dejó como su legado.

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