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Hasta ahora tengo espacio para hacer un comentario “de clausura” al...

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Febrero 06, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Hasta ahora tengo espacio para hacer un comentario “de clausura” al Festival de Música de Cartagena cuya calidad asciende año por año.Fue sin duda un acierto haber dedicado parte del tiempo a Bach; las seis partitas para violín son hermosas, técnicamente complicadas y para muchos pueden resultar ásperas, aun cuando se interpretaron una por día y siempre con un violinista diferente (no tengo duda de que la intérprete finlandesa fue la más destacada en todas sus intervenciones, por cierto numerosas); algunos han criticado la inclusión de la Cantata del Café, curiosa obra humorística del más serio compositor barroco, pero hubiese sido exótico no hacerlo en el país del café, aun cuando la distribución del texto en español hubiese ayudado bastante; la Misa en Si menor fue maravillosa, pero recomendamos un coro más potente.La presentación de los seis conciertos Brandenburgueses había sido criticada por su duración para un público sentado en las duras bancas de Santo Domingo; el programa se dividió en dos grupos de tres cada uno, separados por una agradable cena en la Casa Pestagua, pero lo grave resultó ser que Santo Domingo no sólo es el más caliente de los escenarios, sino que carece de acústica y es de desear que no vuelva a utilizarse. Yo fui víctima acalorada y cansada de algo que no ocurrió cuando se repitió el concierto en la capilla del Hotel Santa Clara. La dirección del Maestro Posada no convenció y la orquesta, recuperó su calidad cuando el director titular tomó la batuta.La programación que compete al Director Artístico Prutsman y que es labor ardua, padece en ocasiones de cierta incoherencia, como una Polonesa de Chopin que surgió de la nada en el primer concierto, como un extraño parche. Así mismo en el penúltimo concierto se tocó una musiquilla de Massenet de esas que le enseñaban a las abuelas para descrestar a los viejos melómanos bogotanos y luego otra piecilla de dudosa calidad, compuesta por Clara Wieck, la esposa de Robert Schumann.Como ésta última tampoco tenía justificación pero fue seguida por una sonata de Brahms, se me ocurrió pensar que Prutsman sí tiene sentido del humor y que la coherencia del programa la daba el hecho de que Brahms -dicen los chismosos de la época- le ponía los cuernos al gran compositor, su amigo, cuando ya padecía de esquizofrenia.Este año el número de conciertos pagados y gratuitos fue mayor y mejor, y más abundante el programa de conferencias y la trasmisión por televisión de numerosos programas, lo mismo que los cursos a los numerosos niños que se hicieron presentes para recibir lecciones magistrales.Preocupa que en Cartagena no se piense en tener mayores y mejores escenarios para eventos de creciente concurrencia como el que nos ocupa; los actuales son insuficientes y algunos inapropiados, mientras que la demanda de boletas crece aceleradamente ya que quienes acompañamos el Festival desde el comienzo seguimos firmes y los renuentes del comienzo han engrosado las filas de los entusiastas. ¿Qué hacer? La Fundación Salvi no tiene los recursos para una empresa del tamaño del que se requiere, el Ministerio de Cultura nunca tiene dinero ni Cartagena, ni su Concejo, ni su Alcaldía, pueden ufanarse de un apoyo inteligente y constructivo.Por cierto que Cartagena, durante largos períodos de su historia política reciente (y el Departamento de Bolívar en general) ha estado en manos de una clase política desastrosa, lo que es común en casi todo el país.Otro tema preocupante es el de los elevados costos de hoteles y restaurantes que se consideran buenísimos y con frecuencia son más caros que los de Bogotá, sin que su verdadera calidad sea un reflejo de ello.El éxito del Festival depende de que los responsables de la música tengan el respaldo de la infraestructura turística y de las autoridades. Cartagena es pobre, está sucia y huele mal ¿Quién le pondrá el cascabel al gato?

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