Música y literatura

Junio 17, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Primero nació la música, y creo que nadie se atrevería a decir lo contrario, y es posible que la pintura (Altamira) la siga, pero todas estas manifestaciones acaban juntándose en lo que solemos entender como cultura que ha sido tan descuidada y maltratada en Colombia (creo que este año no es el año de Pombo sino de Lucho Bermúdez).Revisando un tema al cual le sigo la pista desde hace años (los músicos y la filatelia, por ejemplo) me he vuelto a detener en mi discoteca, rica sobretodo en la llamada música clásica, que me ha acompañado desde mi niñez pero creciendo al ritmo de mis gustos y a la apertura a nuevos talentos; surgió cuando yo andaba por los 10 años, fue incendiada por los bárbaros en 1952, renació de cero en 1953 y hoy es parte fundamental de mi vida y de mi preparación para la vejez.En medio de estas reflexiones resolví recopilar, siquiera en parte, composiciones que nacieron de la literatura religiosa y laica en distintas épocas y países, en gran desorden y cubierto de polvo, ese que entra por las ventanas de mí residencia desde que Bogotá se olvidó de cuidar el ambiente, de organizar la movilidad y de ejercer un efectivo control sobre la polución.Pues bien, ahí va parte de los resultados de haber entrado a saco en casi 3.000 CD que han desplazado mis libros a un segundo lugar en el Estudio. Aclaro que no estoy respetando el orden cronológico, ni alfabético, ni ningún orden.En primer lugar tengo que citar la Biblia que tiene gran valor cultural tanto en el viejo como en el Nuevo testamento y no voy a mencionar la relación con la música, pues no terminaría nunca ya que el cristianismo se apoderó de la pintura y la música desde la Edad Media: las más de 200 cantatas y todos los corales de Bach; las Ave María de Schubert, Gounod y otros; los oratorios de Mendelssohn; los réquiem de Mozart, Verdi, Brahms y otros; las misas de casi todos: Beethoven, Schubert, Bach; los oratorios de Handel; las Glorias de Vivaldi; los Stabat Mater de Pergolesi y Dvorak, y así en adelante.Goethe incidió en Fausto de Gounod y con sus poemas en las lieder de Schubert y de Schumam; Heine y Burns en las del último; Don Juan, de Tirso de Molina (recogido después por Zorrilla) en la ópera de Mozart y el poema sinfónico de R. Strauss y en este último Cervantes en Don Quijote que también recogió Telemann; no podía faltar Shakespeare en Falstaff, Otelo y Hamlet en Verdi y en El sueño de una noche de verano en Mendelssohn; las viejas leyendas alemanas en Wagner (El anillo) y estas y las francesas en Tristan e Isolda; Romeo y Julieta -de nuevo Shakespeare- en Tchaikovsky y Prokofiev y Molierè y Kafka en El Burgues Gentil hombre y así hablaba Zaratustra de R. Strauss.La leyenda de Guillermo Tell en Rossini y Beaurmarchais también en el Barbero de Sevilla; varios músicos del Siglo XVI cantaron a Ronsard, y Walter Scott alimentó a Donizetti; Rimski – Korsakov se le midió con Sheherezade a Las mil y una noches y Handel a Julio Cesar; Castelnuovo Tedesco a Platero y yo de Juan Ramón Jiménez y varios músicos españoles a García Lorca.Se me acabó el espacio pero algún día volveremos.

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