Música, ¿ver u oír?

Música, ¿ver u oír?

Mayo 15, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

La música era UNA, como lo explicaría -de existir- el génesis musical. La tecnología, como una maligna culebra infiltrada en el Paraíso (que escapó a la negligente vigilancia del Arcángel Gabriel), vino a enredar la vida y a crear partidarios de las opciones: ver música, oír música.Los partidarios extremistas de cada grupo han expulsado del Paraíso -hasta hace poco inseparable-, a los partidarios del grupo rival (que excluye la música religiosa y la coral, en general). Es así como algunas personas pueden sentarse tranquilamente a oír a Wagner mientras que otras necesitan ver su música y odian los CD. Esto me recuerda las divisiones y la actual agonía de los partidos políticos tradicionales, como consecuencia de haberse corrompido.Hay, como siempre, disidencias y mientras algunos no oyen ni ven música alguna (mi padre y mi suegra son ejemplos casi perfectos), otros nunca oyen música de un sencillo CD o de los 33’/3 que han reaparecido con éxito en la edad moderna, ni sintonizan en la radio nuestras pocas emisoras de ‘música culta’ como se denomina ahora a la que llamábamos a falta de alternativa, ‘clásica’, que como ahora debe saber la gente esta sí clásica y culta, tiene como representantes a Haydn, Mozart y Beethoven, que son la G3 que une el barroco al romanticismo.Los que sólo oyen, generalmente surgen de un amplio sector que odia la opera de cuerpo presente sin que les importen las reacciones sexuales que motiva la Netrebko u otras bellísimas divas, la profunda tristeza de la Callas, o la provocativa gordura de numerosas cantantes excelentes que ahora hacen dieta para evitar que el Metropolitan Opera House las reemplace por jóvenes espigadas.Hay un grupo pequeño, minoritario, al cual pertenezco, cuyos miembros oyen música y también la ven, aclarando que ver no se refiere necesariamente a la opera sino a oír de cuerpo presente a la maravillosa Orquesta Filarmónica de Viena que nos visitó hace poco y, en parte, en honor del Presidente de Austria nos deleitó por su profundo profesionalismo y con la dirección de Gergiev, uno de los mejores directores rusos de la actualidad.He de confesar que he oído y visto la Filarmónica de Viena, en Lucerna, Salzburgo y en su sede, y siempre es un espectáculo de arte, de potencia y de gran interpretación. Algo semejante me ocurre con la Filarmónica de Berlín que oí en su propio teatro en Berlín y en Lucerna -ya dirigida por Claudio Abbado-. Algo semejante me pasa con la Sinfónica y la Filarmónica de Londres y las de Nueva York, Chicago, París, con directores como Rattle, Colin Davis, Subin, Metha y otros de igual categoría.No es que yo vaya a ver tocar orquesta alguna, ni opera alguna, ni corales ni misas: yo voy a oír tocar, cantar, en fin interpretar.Los partidarios de un grupo dirían que se trata de una aberración: ¿Cómo no ir a ver la Filarmónica? ¿Cómo no ir ver Los Maestros Cantores o el Réquiem de Mozart, o El Barbero de Sevilla?Con temor declaro que ese tipo de comentarios no es más que pura estupidez; tengo más de doscientas operas en CD: Las integrales de Mozart, Haydn y Verdi, casi todo Wagner y Strauss, algo de Puccini, Mússorgsky y Rachmaninov misas a porrillo, las cantatas de Bach, etc… y todo lo oigo con entusiasmo.Este cisma no se arreglará: no he podido localizar a los Luteros y Enrique Octavos de la música, pero los maldigo, pues el daño es grave, y repito, irreparable.A propósito, adquirí últimamente en CD, la única ópera que escribió Beethoven, ‘Fidelio’, música bellísima para tenor, en este caso Kauffmann, con la orquesta del Festival de Lucerna y la dirección de Abaddo: lo que hay que ver no es mucho y más bien sombrío; lo que hay que oír es maravilloso.En el Festival de Glyndebourne oí una ópera de Rachmaninov en la cual el tenor permanece en un tejado todo el tiempo: ¿Ver u oír?

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