Miscelánea

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Noviembre 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Es noticia la publicación y venta masiva de la trilogía de E.L. James que comenzó con “Fifty Shades of Grey” (cincuenta matices de gris) que llegó a Bogotá y se está leyendo pese al hipócrita rechazo de los mayores inhibidos y pacatos de las penúltimas generaciones y cierta indiferencia de jóvenes que ya saben todo sobre sexo y erotismo.Yo, por herencia paterna, fui lector de los clásicos de esta última categoría y me asombro de que ahora James esté contando ¡como novedad! todo lo que se escribió entre los siglos XV y XX en esta materia.Pongamos algunos ejemplos: la historia de O no puede ser menos erótica que las cincuenta tonalidades de gris (o Grey); D.H. Lawrence, con el amante de Lady Chaterly y otros escritos, no se queda atrás; Emmanuelle es un clásico y los cuentos cortos de Alfredo de Musset tampoco quedan atrás y, por supuesto, Justine, del Marqués de Sade, está en la cumbre de todos.¿Por qué ocurre esta confesión de ignorancia colectiva? Porque en Colombia sólo se llegó, y tarde, a Vargas Vila y a algún verso de Barba Jacob o de Pombo o Silva, pero especialmente a las telenovelas.No se trata en caso alguno de pornografía, que no existe en los escritos clásicos, sino de erotismo que es otra cosa y hace parte de la literatura no de la vulgaridad y ordinariez de aquella que es propia de los bajos instintos a los cuales era ajeno Rabelais.No estoy muy seguro de querer leer, ya a mi edad, esta trilogía que prefiero reemplazar por la del Milenio o la biografía novelada de Escipión el Africano, tres magníficos libros que nos llevan a las guerras púnicas que estudiamos en el colegio y que la juventud no ha oído mencionar nunca.Por supuesto que también es más atrayente dedicar el tiempo a leer a Jonathan Franzen cuya novela, Libertad, ha sido aclamada como la mejor de los últimos cien años. No creo que merezca tanto y sus lectores se dividen entre quienes, si podemos sobrevivir a las primeras 50 páginas, no podemos ya soltar el libro y quienes se aburrieron y encontraron el tema tan ordinario que eludieron ese denso texto de casi 700 páginas.Y hablando de lectura, yo soy lector de la publicación del colegio de generales de la Policía Nacional (Estrella Policial) y me ha llamado poderosamente la atención en el numero de julio, que sólo recibí hace un mes, un artículo del general (R) Guillermo J. Chávez quien compara la situación de la policía que debe garantizar la seguridad y el orden público en Bogotá, con la que ocurre en Santiago de Chile y Nueva York.Me gustaría que el Alto Gobierno leyera el artículo pues de él emana la sensación de frustración de la Institución (que creo que comparten las Fuerzas Armadas) respecto de las relaciones con el poder civil no policiaco que no sabe usar adecuadamente los servicios de la institución pero si culparla injustamente cuando se limita a cumplir su deber, empleando la fuerza cuando ello es necesario, como debe ser.El general Chávez es claro en sus ejemplos de cómo en Chile y Nueva York la policía con el respaldo de la burocracia municipal, guarda el orden y ha logrado que la criminalidad disminuya hasta el punto de hacer de Santiago y Nueva York dos urbes de alta seguridad lo cual, no sólo es excelente para los residentes, sino también para los visitantes nacionales y extranjeros.Cita Chávez la situación de la policía en el ‘Bronx’, los disturbios que culminaron en graves daños al Trasmilenio, la manifestación de habitantes de Bosa y Kennedy en la Plaza de Bolívar y las que tuvieron lugar el día del trabajo.En todos la Alcaldía acabó desautorizando la acción de la policía, lo cual lleva a que el General diga hoy: ahora “la Policía espera ordenes pues sabe que bracea entre aguas movedizas de la 'Bogotá Humana'.Grave situación que, como dije, parece existir en la Fuerza Armada y no sólo en Bogotá sino en el todo el país. ¡Cuidado!

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