Más verdades

Agosto 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Ofrecí hace una semana denunciar graves falsedades publicadas en los diarios de Bogotá: la primera en El Tiempo, como ya lo hice, y la segunda en El Nuevo Siglo, que es de enorme gravedad.En efecto en las páginas del periódico del cual fui columnista varios años, se camufla un malvado gnomo, cubierto de condecoraciones que por su excesivo número y misterioso origen lo hacen ver como una iguana de las Galápagos, animal de la familia de los lagartos, y sí que lo es. Lo peor, es que en este caso presumo la mala fe o la estupidez absoluta, pero me inclino por la primera. Dice Gómez Aristizábal el domingo 4 de agosto en las páginas editoriales, que no debería tener a su disposición para evitar que le brote el godo malo del siglo pasado, el seguidor del obispo de Pasto en proceso de santificación y el de Monseñor Builes, todos ellos proclives al asesinato de liberales y a los atentados (la acción intrépida) que Carlos Lleras Restrepo, su esposa y nosotros, sus hijos padecimos en 1952 cuando primero trataron de ‘enchocolar’ una bomba por una ventana de nuestra casa la cual afortunadamente quedó en el antejardín, porque fue lanzada desde un carro en movimiento (valientes terroristas godos).Pocos meses después los empleados del Municipio, supongo que bien escogidos también por godos malos y por nuestro indigno pariente el Alcalde Briceño Pardo, borrachos y armados asaltaron la casa el día del cumpleaños de mi hermana menor cuando había unas 30 niñas en un ‘lonche’ que logramos evacuar gracias a unos pocos padres que empacaron de a seis por automóvil.Salimos después mi madre y los hijos, tras haber puesto a salvo los baúles de las empleadas y el perro; como es sabido, mi padre se quedó con cuatro amigos y cuatro revólveres, con los cuales mantuvo a raya a esos vagabundos que sufrieron dos bajas; un muerto y un herido.Ya he narrado que llegó después la policía, sacó a esos despreciables borrachos, tomó las mismas posiciones y los agentes comenzaron a disparar. Fue un ataque para matarlo y siempre he pensado que para acabar con toda la familia; la misma sospecha tenía el Cardenal quien envió a su secretario, monseñor Franco Arango, a tratar de salvarnos; ya no estábamos afortunadamente, pues los incendiarios uniformados no lo dejaron pasar, como no habían dejado pasar a los bomberos.Hasta donde pudimos averiguar después, las guerrillas liberales que se defendían de la violencia oficial personalizadas en chulavitas en todo el país y cóndores y pájaros en el Valle; habían dado de baja a algunos uniformados cuyos cadáveres fueron traídos a Bogotá y exhibidos a los agentes de las guarniciones, que desfilaron frente a los ataúdes; hay versiones de buena fuente que dicen que antes de la macabra exhibición habían sido desfigurados por sus colegas y, supongo, que todo con la complicidad del Alcalde de Bogotá y del General San Juan (comandante de la Policía), del Ministro de Defensa y del Presidente de la República, que era en ese entonces Roberto Urdaneta Arbeláez; si éste consultó a Laureano, no lo sé, pero la columna del lagartillo al marras se escribió para decir que Laureano había sido calumniado, no recuerdo cuando.¿El Director de El Nuevo Siglo, Alberto Abello, fue capaz de dejar publicar el siguiente párrafo que se usó en 1952 para perseguirnos y tratar de matarnos y que si yo me ocupara de verdad de los gusanos, me movería para enviar a la cárcel al vil plumífero?:“El doctor Carlos Lleras Restrepo como presidente de la Dirección Liberal ayuda financiera, política y militarmente a la guerrilla”.¿Le consta tamaña bestialidad a Horacio Gómez Aristizábal y El Nuevo Siglo ‘arropa’ -como dicen los españoles- a ese indigno pseudo periodista?Alberto Abello ¿Está preparándose otra violencia política y esta vez, contra quién?

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