¿Más de lo mismo? Algo

Noviembre 16, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Pese a que he venido haciendo un apretado resumen del “Cisma de la Iglesia Católica” de 1942, usaré parte de esta columna para concluir el tema con la esperanza, acaso injustificada, de que los colombianos se interesen por la historia de su país.Manos a la obra: El concordato fue aprobado por la Santa Sede y por el Congreso de Colombia, de manera que no faltaba (según creo) sino el canje de ratificaciones y es allí donde muere la dispendiosa negociación que se inició en el gobierno de Eduardo Santos y concluyó en el de Alfonso López; pero siendo así ¿por qué no tuvo aplicación? López y su gobierno, agobiados por los constantes ataques de Laureano Gómez (la Handel, el Molino de Von Melenttin, las casetas de Las Monjas, Mamatoco) se venía debilitando y los debates en el Congreso eran feroces. Abrir una nueva puerta, la del Concordato, habría empeorado la situación de modo que, en mi opinión, la debilidad del Presidente hizo que este manifestara ¡que no tenía interés en que se aplicara el convenio! De hecho, se aceptó que la renuncia de la soberanía del Estado a favor de la iglesia católica era algo de segundo nivel, lo cual no era ni es cierto.Siendo así las cosas, el Partido Liberal temeroso de una crisis que le hiciera perder el poder guardó ignominioso silencio, pese a lo cual López acabó retirándose de la presidencia en 1944, se eligió designado a Alberto Lleras quien gobernó hasta 1946, se cayó el Partido Liberal y se abrió paso la violencia conservadora atizada por los mismos obispos rebeldes y por curas y párrocos: era una verdadera cruzada contra los enemigos del catolicismo por parte de los “cruzados” conservadores. Fue tan sanguinario como la de Godofredo de Bouillón ese nefasto decenio (1947-1957); también fue la continuación de la Regeneración (con la corrupción y el compadrazgo político-económico que la caracterizó) y del golpe de Marroquín, la separación de Panamá y la guerra de los mil días.***El segundo tema que quisiera tocar es el de la condena de los militares de alto rengo como consecuencia de haber defendido la democracia y el orden público cuando una pandilla de “guerrilleros” hampones, financiados por el narcotráfico, que asaltaron el Palacio de Justicia con el fin de eliminar los procesos contra los narcotraficantes, encabezados por el nuevo héroe de Colombia, Pablo Escobar, que pasará a la historia gracias a los medios mientras que los jóvenes desconocerán, como ya la desconocen, la historia de Colombia.Sigo sin comprender cómo es que el General Arias Cabrales, es culpable por omisión cuando a dos cuadras estaba el Presidente de la República con todos sus ministros que, cual vergonzosos Pilatos, se han lavado las manos y sacrificado a los verdaderos defensores de la paz.Yo no concibo este tipo de sentencias ni siquiera de unos magistrados mediocres que no le han preguntado a Betancourt por que, en su carácter de Presidente y de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, se limitó a aislarse y le faltó valor para enfrentar a los bandidos, asesinos e incendiarios del M-19.Los ministros cooperaron en el colectivo lavado de manos y creo que fue la ministra de comunicaciones la que ordenó suspender la transmisión del drama ¡y pasar un partido de fútbol! que el Primer Magistrado y los colegas del gabinete debieron también gozar ya que no pensaron que tenían algo que hacer en momentos tan cruciales.Yo no concibo la condena del General Arias si no va a acompañada de la del Presidente de la República y del gabinete de sus cómplices.Recuerda esta historia cuando otro apátrida se fue hace no mucho para el Brasil antes de la discusión del proyecto de reforma de la administración de justicia y clavó a uno de los abogados y seres humanos mejores que he conocido, el exministro Esguerra.Algo parecido a lo ya dicho puede predicarse del General Uscategui, militar integérrimo hasta donde yo conozco su carrera y, por supuesto, no puedo dejar por fuera al Coronel Plazas quien tanto me emocionó cuando en medio de la batalla, contestó al periodista: “estoy defendiendo la democracia”; lo que no sabía es que esa falsa democracia lo iba a condenar a cadena perpetua.Volveré...

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