¡Manos arriba!

¡Manos arriba!

Abril 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

El ejemplar de la revista Semana del 15 al 22 de abril es un sumario, una excelente investigación criminal de cómo un grupo de bandidos, políticos y contratistas de Bogotá se ha venido robando los dineros públicos provenientes de los impuestos de los ciudadanos que formalmente pagamos: predial, ICA, vehículos y hasta valorización.Si yo tuviera influencia política -que no es el caso- y hubiere conocido esta investigación sobre la cual se deberían estar adelantando los varios procesos penales para llevar a la cárcel desde ya a esa descarada y horrenda banda de delincuentes, me hubiera movido para promover la acción punitiva con verdadera y eficiente huelga para no pagar: el Distrito nos ha robado y debe responder por ello, comenzando con los patrimonios propios recuperables de los ladrones y siguiendo con los de los concejales de Bogotá que son una vergüenza para una ciudad que históricamente gozó de una corporación conformada por ciudadanos eméritos que trabajaban gratis por ella.Lo anterior incluye a aquellos que no aparecen robando abiertamente pero que han dejado robar. ¡Y pensar, como ya lo he dicho, que el M-19 nació para defender al ciudadano Rojas Pinilla declarado indigno por el Congreso y cabeza de una familia de delincuentes! Navarro, Pizarro y otros pandilleros deberían, los que sobreviven, arrepentirse públicamente de sus acciones delictivas que durante muchos años (20) causaron tanto daño con secuestros, homicidios y hechos como el del Palacio de Justicia.Pero volvamos a los hampones de Bogotá; común característica es que buena parte de ellos no son de aquí y los que lo son provienen de estratos incultos y carentes de principios morales y están aguardando únicamente la oportunidad de entrar a saquear las arcas públicas. Esperemos (y no digo confiemos, porque ya no creo mucho en la administración de Justicia) que algunos pocos jueces no pervertidos aceleren la limpieza y lleven a La Picota a todos los criminales, sin celular ni vacaciones en sus casas.Por supuesto, y ello confirma mi incredulidad, que la crónica sobre la podredumbre de Tolemaida y del estamento militar ha estado en conocimiento del general Navas y del Presidente de la República, quienes han mostrado un napoleónico desdén por el tema. Del segundo, como dice su primo Francisco Santos, puede agregarse que se preparó toda la vida para ser presidente pero no para gobernar, como lo demuestra en forma permanente, lo cual “me da mucha pena”, como titulaba sus escritos este fantoche que no hace sino presentar reformas chimbas (propaganda reeleccionista) que no ha leído ni entendido nada en relación con el funcionamiento del Estado: salud, educación, justicia, pensiones, régimen carcelario y no sé cuántas cosas más que me llenan de pánico porque son improvisadas por ministros complacientes que se desplazan horizontalmente por el tablero de la administración como las reinas del ajedrez, es decir en todo sentido, sin conocer bien los temas ni interesarse por la suerte de sus víctimas, los ciudadanos, que obviamente son los peones del juego.Mientras los medios independientes y los periodistas valientes denuncian los males, los jueces y militares tratan bien a los delincuentes que siguen tranquilos, dan fiestas en los clubes y aprovechan el tiempo para acabar de ocultar los objetos de sus ilícitos o para que vengan de compras a Bogotá en vehículos oficiales.¡Qué país de mierda!, dirían García Márquez o Juan Gossaín, más acostumbrados a este vocabulario que cuando yo era joven se castigaba con la correspondiente bofetada paterna.Y encima de todo, tenemos que soportar al Procurador, elegido por los partidos históricos y por el salpicón de la U y, además ver el país manejado por Roy Barreras, por unos oscuros congresistas conservadores y por supuestos jefes liberales; resaltamos la inutilidad del Partido Conservador, llamado así porque quiere conservar todos los puestos que ha ido consiguiendo en desmedro de la memoria de Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, quienes afortunadamente no vieron en su época y en la cárcel a expresidentes del Senado ni a parientes de expresidentes de la República, como consecuencia de delitos comunes y de falta de patriotismo.Como este presidente es incapaz de controlar la corrupción, sus ministros viven de hacer promesas y la rama judicial de poco o mal hacer, vivimos inútilmente indignados y, quienes sí sufrimos por Colombia, cuidándonos la úlcera que el nuevo sistema de salud no podrá ocuparse de tratarnos por fallas en su funcionamiento.

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