Mafalda y Confucio vrs J.M. Santos

Mafalda y Confucio vrs J.M. Santos

Noviembre 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

La semana pasada explicamos cómo los consejos de la gran pensadora argentina han sido desoídos por el presidente y sus ad-lateres, lo cual ha puesto en riesgo el futuro del país y de sus habitantes.En el libro Faros, de Jacques Attali, encontré algunas citas del gran filósofo chino de quien tengo una hermosa edición de 1981 (Jean de Bonnot) en cuero, con texto bilingüe chino-francés que contiene sus cuatro libros: El gran estudio, El medio invariable, Las atenciones (conversaciones con sus discípulos) y El Seng Tzeu.No lo he leído todo pero sí lo ojeo de vez en cuando por el respeto que me merece su pensamiento que debería guiar en buena parte el pensamiento de occidente, especialmente en los momentos de angustia y tristeza que lo afectan.Como los chinos, en general, no son mucho mejores que los colombianos, sabemos que nunca permitieron que Confucio lograra aplicar sus ideas a la vida política de su país. La obra de Attali me exime de revisar las casi 350 páginas en francés y, obviamente, ¡Las otras 350 en chino! Dice el escritor: “Fue en China, en 1973, en plena Revolución cultural, cuando escuché por primera vez denigrar de Confucio. En ese momento era el hombre más despreciado por un pueblo que tenía varias razones para detestar lo que él representaba: un ideal de estabilidad, un sentido del equilibrio, una apología de la verdad, del saber y del respeto a las mayorías. Para los muy escasos intelectuales que aún quedaban y que se atrevían a declararse como tales, él seguía siendo la referencia callada y absoluta”.¿Cuántos colombianos pensadores, periodistas y filósofos no se están pronunciando contra el plebiscito (inconstitucional) y la tramposa rebaja del umbral, y que ésta incluya al injustamente odiado expresidente Uribe a quien ataca a mordiscos la jauría de gozques que rodea a Santos, ya conocida como perros ordinarios, hambrientos de mermelada, sobra que vuelva a repetir sus nombres?Recordemos que estamos hablando del año 55 antes de Cristo, pero para la camada bogotana formada además por el Procurador, el Fiscal y todos los ciegos beatos o torpes que los siguen, podríamos, también estar hablando de Cristo puesto que las enseñanzas de Confucio son iguales a las del evangelio. Es ésta la época de Buda, Zaratustra, Isaías, los pensadores de Mileto: Tales, Hecateo, Anaximandro, Pitágoras y en América el auge de los Olmecas y en África, de la cultura Nok.Y dice Confucio: Cuando nadie está en su lugar, cuando los príncipes y los padres son indignos de su función, cuando el pueblo ya no sabe distinguir el bien del mal, es la anarquía. Porque si el príncipe se comporta como príncipe, gobernando por el interés de todos, mientras que si el padre no actúa como padre, ni el hijo como hijo, es el reino del incesto y el crimen. La sumisión al príncipe (…) se acompaña con un derecho de reprimenda de los hijos y de los súbditos, si el padre o el príncipe van en la mala dirección.Y agrega Confucio: “El príncipe debe actuar de manera que cada uno respete la ley sin cuestionar el sentido de las palabras. Si muchos lo hacen, muchos también morirían posteriormente por no haber comprendido que la dictadura comienza cuando un soberano se arroga el derecho de modificar y de fijar por sí mismo el sentido de las palabras, de las leyes y de los contratos; y más tarde agrega qué haría si llegara al poder: “Empezaría por establecer el uso correcto de la terminología (…) Si la terminología no es exacta, todo el discurso es desordenado; si el discurso es informe las ordenes no se pueden ejecutar (…) Si las formas convenientes no se restablecen, la justicia fallará su objetivo; si la justicia no reina, el pueblo no sabrá qué línea de conducta adoptar. Cuando el sabio promulga una nueva ley sabe enunciarla en términos precisos y claros (…) y el sabio jamás empleará términos vagos”.Y en otro lugar dice: “Las nueve virtudes del soberano perfecto [son]: sentido de gobierno, rectitud, docilidad, firmeza, simplicidad, coraje, indulgencia, diligencia y condescendencia”. ¿Es claro el mensaje?

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