Los Lleras y su gente

Noviembre 25, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Hoy he querido publicar la carta que he enviado, junto con los documentos en ella mencionados, a la directora de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. “Después de nuestra conversación tengo el gusto de remitirle tres originales de las leyes de honores aprobadas por el Congreso en 1924, 1932 y 1938 y de un decreto de la Asamblea Departamental del Valle del Cauca, expedido en 1938. Las dos primeras honran la memoria de una de las figuras más importantes de Colombia en el Siglo XIX, el doctor José Félix de Restrepo, tatarabuelo de Carlos Lleras Restrepo; sobra advertir que no se les ha dado cumplimiento pues estos países son mezquinos con quienes les sirven y generosos con politiqueros y corruptos.La Ley de 1924 fue aprobada hace 88 años y tiene la firma del presidente general Pedro Nel Ospina, hijo del presidente Mariano Ospina Rodríguez quien escribió una conmovedora biografía del doctor Restrepo. Aclaro que todavía no había ocurrido ni el noviazgo, ni el matrimonio de Isabel Lleras Restrepo (notable poeta bogotana) con el economista Luis Ospina Vásquez, hijo del Presidente y de Carolina Vásquez. También señalo que la Ley está firmada por el Secretario de la Cámara de Representantes, Fernando Restrepo Briceño, tío de Carlos Lleras Restrepo, quien estudiaba en el colegio de la Salle. Firman también el presidente del Senado, Esteban Jaramillo, el primer gran economista de Colombia y maestro de Carlos Lleras. La ley ordena erigir una estatua del “prócer ilustre José Félix de Restrepo” con una inscripción sobre su vida, en el Palacio de Justicia que en ese entonces se construía en Bogotá y que fue quemado el 9 de abril de 1948. Carlos Lleras Restrepo quiso cumplir la Ley y contrató en Italia el diseño de dos estatuas que dispuso poner en el Nuevo Palacio de Justicia, que fue quemado en 1985 (aún sin estatua): eran ellas las de Restrepo y José Ignacio de Márquez. Misael Pastrana dispuso que se olvidara el proyecto.La inscripción dispuesta por la Ley de 1924 dice: “Al promotor de la libertad de los esclavos y esclavo de la Justicia. Doctor José Félix de Restrepo, el Congreso de la República -1924”. Para ese efecto se destinaron $10.000. La inscripción nos recuerda algo que los historiadores modernos desconocen: José Félix de Restrepo, primero con el dictador de Antioquia, Juan del Corral (1815) y luego como delegatario al Congreso Constituyente de la Villa del Rosario de Cúcuta (1821) redactó la primera ley de libertad de los esclavos, promulgada para el Estado de Antioquia antes de la reconquista española de 1816, enterrada cuando entró en vigencia para la Gran Colombia. El Congreso de 1821 nombró a Restrepo integrante de la Primera Corte Suprema de Justicia de la Gran Colombia junto con magistrados de Venezuela y Ecuador y esto, sumado a grandes realizaciones en la educación y la enseñanza, explican la inscripción. La Ley de 1932 expedida en el gobierno de Enrique Olaya Herrera ordenó cumplir lo dispuesto por la de 1924 y tiene la firma del Presidente y su Ministro del Interior y de los presidentes y secretarios de ambas cámaras. La tercera Ley (68 de 1938) honra la memoria del profesor Federico Lleras Acosta, padre de Carlos Lleras Restrepo, miembro de una familia que como la Acosta reunió a ocho grandes médicos del Siglo XX. Esta Ley ordena poner un retrato en el hospital San Juan de Dios y otro en el Salón de Grados de la Facultad de Medicina que, si estuvo, debió ser destrozada por los bárbaros encapuchados que caracterizan ese ilustre claustro, donde estudió el expresidente y fue profesor Lleras Acosta. El premio Federico Lleras Acosta ($5.000) anuales se dejó de entregar hace años y sólo se cumplió parcialmente la Ley al reintegrar sus restos (murió en Marsella) y al depositarlos en el mausoleo que construyó el Gobierno.Por último, el Decreto de la gobernación del Valle (185 de 1938) está firmado por Tulio Enrique Tascón, ilustre jurista y político y honra la memoria del profesor Federico Lleras Acosta. Le agradecería que estos documentos que están destinados al archivo de Carlos Lleras Restrepo, que reposan en la Biblioteca y que yo había conservado por obvios motivos, fueran restaurados y, ojalá, enmarcados.”

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