Los godos y el Tea Party colombiano

Los godos y el Tea Party colombiano

Noviembre 28, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

Desde hace años, y pienso que inclusive antes del Frente Nacional 1957, aprendí a diferenciar a los godos cerreros que salen periódicamente de la caverna, de los conservadores con quienes se puede conversar y no parecen estar tentados a devolver al mundo al oscurantismo de la Edad Media y al país a las odiosas épocas en que godos y curas se unían doctrinariamente para luchar contra la evolución del pensamiento moderno pasando inclusive de los dichos a los hechos, en lo que Laureano Gómez llamó la “acción intrépida”.Me asusta que estemos regresando a esas épocas ya superadas y que la Constitución de 1991 quiso enterrar al declarar que Colombia es un estado laico y al promulgar una carta de derechos de los residentes en el territorio.Uno de los pecados de Uribe, entre muchos otros, fue el de ‘arropar’ (que llaman los españoles) a todo el Partido Conservador, incluidos los fascistas o nacional socialistas o falangistas o como se quiera denominar a esos descendientes del gran inquisidor Torquemada. Santos heredó este engendro y tengo la sensación de que, a pesar de ser de derecha, como lo es Uribe, pero no un godo superlativo, está incomodo con sus ‘arropados’, que están envalentonándose y actuando por su cuenta, con total desprecio del generoso Gobierno, al cual van a crear numerosos problemas políticos y fiscales, sin contar con rebullir temas como el del anticlericalismo, el de los derechos de la mujer y otros de igual significación. ¿Buscan, acaso, dividir a los colombianos para fortalecer sus posiciones minoritarias y ver si logran no seguir ‘arrimados’ a un gobierno que parece ser más liberal de ideas de lo que pensaba el Tea Party criollo? ¡Qué estupidez estarían cometiendo y estoy seguro de que les haremos frente!Esta avanzada de los bárbaros la veo encabezada por el Procurador, con el casco de cuernos (de los vikingos, por supuesto) y la ‘Francisca’, hacha de doble filo, en la mano; va dirigiendo la matanza de madres solteras, homosexuales, madres violadas que abortaron, enfermos que suspiran por una muerte digna y ‘ainsi de suite’.Detrás de él corren otros salvajes que siguen a Eduardo Enríquez Maya, que tiene enredado el proyecto de ley anticorrupción (¿Por qué será?) y a los promotores de la libertad de los presos comenzando por sus amigos; este grupo, con la ayuda de Juan Manuel Corzo, lleva en guandos a Roberto Gerlein, quien ya dejó atrás el momento del retiro y que lo acompaña en esta nueva cruzada tan dañina como las de la Edad Media.Salazar, nuevo presidente del Partido Conservador, dirige otro pelotón de quemadores de brujas y de libros, que quiere que la Constitución, ya tan maltratada por sus colegas sinvergüenzas, defina que el feto tiene vida propia desde el momento de la concepción y que ese ser (?) debe terminar una vida tan extrañamente iniciada con una muerte natural. ¿Qué entenderá este salvaje por eso?Esta multitud, que parece sacada de ‘El sueño de las escalinatas’, está conformada por fanáticos irracionales (pleonasmo) e ignorantes del derecho y desconocedores de la realidad del país y de sus gentes en las que sólo piensan para darles alguna limosna a cambio de un voto que les permita proponer estupideces, pensionarse con cualquier ‘tiempo de servicio’ y abusar de una posición no siempre claramente conseguida, especialmente en el caso de los congresistas.En estas circunstancias, y con El Tiempo en manos de los godos de aquí y los de España, yo esperaría que la Iglesia Católica camine pisando huevos para que no creamos que sus obispos y curas, no siempre ilustrados, conforman el tercer pelotón de atacantes de una sociedad pobre, ignorante y de la cual parece que hasta ahora comenzará a preocuparse el Estado después de los grandes avances sociales del siglo pasado.Uribe creó al monstruo que llamaba ‘padre’ al doctor Frankenstein, quien tuvo que destruirlo, lo cual obviamente no hará el mago del Twitter, pues adora su creación y él y sus cómplices de la Casa de Nariño pertenecen a ese abominable grupo que amenaza devolvernos a los conflictos bélicos del Siglo XIX, cuando los conservadores declararon la guerra al gobierno liberal de Aquileo Parra. ¡Porque iba a traer profesores alemanes para impulsar la educación y ellos podían ser... protestantes!

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