Libros para colombianos

Libros para colombianos

Julio 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Lleras de la Fuente

La actividad editorial de las universidades y de los institutos está ‘in crecendo’ y hay que resaltarla pues, muchas obras magníficas del Colegio Mayor del Rosario y de la Universidad Javeriana, están dirigidas a libros cuyo fin es hacer que más colombianos lean sobre su tierra, su historia y su frustrante futuro.Los dos volúmenes que editó el Rosario son una breve reseña del presidente Eduardo Santos Montejo, escrita por Otto Morales Benítez y publicada por su hijo Olimpo, que apenas da un vistazo a un presidente, hombre culto, importante y gran estadista; mientras que los documentos tomados de su archivo (volumen II), son piezas maestras. Se cita el libro que publiqué y edité hace pocos años, ‘Cartas del exilio’, con todas las comunicaciones que se cruzaron entre Santos y Carlos Lleras Restrepo, (el uno en París, el otro en México) entre 1952 y 1954, cuando ambos estaban exiliados.Obsequié al Instituto Caro y Cuervo con dibujo de Antonio Caballero en la carátula, las memorias infantiles de Eduardo Calderón Calderón, y casi simultáneamente recibí de aquél la última, cuidada y hermosa edición de la obra, ya con 19 dibujos del escritor y periodista.Había yo leído esta sencilla historia hace unos 50 años o más pero la gocé mucho pues se desarrolla en el barrio de La Candelaria donde nací, vivieron mi tatarabuelo, mi abuelo y otras gentes amigas.La casa de Caballero lindaba con la de mi tío bisabuelo Antonio Gómez Restrepo, diplomático, escritor, académico, casado en Roma a comienzos del siglo con una señora Mallarino y años después, ya viudo, con Lola Casas Morales quien cuidó con esmero de una de las mejores bibliotecas que había en el país en ese entonces y que le correspondió a la Academia de la Lengua; supongo se usa tan poco como la de mi padre. Lola nos invitaba en memorables ocasiones a un buen chocolate con queso y pandeyucas y panderos, y me daba la oportunidad de escudriñar esos libros magníficos.Pienso que el libro fue escrito para los bogotanos muy santafereños como somos los Lleras, pues la ola de ignorancia que cubre el país no dejará que lo aprecien ni los nuevos bogotanos ni la provincia.Señalo que me sorprendió la casi total ausencia de menciones a su padre, el general y doctor Lucas Caballero, gran jefe liberal y presidente de la Convención de Apulo de 1926 (mi padre asistió en representación de las juventudes liberales), pues la niñez y comienzos de la adolescencia del escritor giran alrededor de su madre y su abuela, es decir, de la familia boyacense de los Calderón.Otro de los libros para los colombianos, especialmente los arquitectos, es el publicado por el Caro y Cuervo y el Instituto Cervantes, sobre la vida y obra de ese gran arquitecto -refugiado republicano junto con De la Mora y otros colegas- Rodríguez Orgaz, constructor de muchas viviendas y edificios como el Banco de la República viejo y el nuevo, entre otros. Por cierto que yo lo conocí tanto en casa de mis tías abuelas Cortés Gregory, lugar de reunión de muchos españoles que no alcanzó Franco a asesinar (Trías, Fábregas, Fornaguera, De la Calle, Ureña,…) así como De la Mora quien construyó la espléndida casa de Luis Ospina e Isabel Lleras Restrepo, en Provenza, hacienda que fue de Juan Lozano y Lozano.Tengo que mencionar aquí de nuevo a Enrique Serrano cuyo libro debería ser texto de estudio en colegios y universidades. Lo leí y lo conservo a mano para repasarlo de vez en cuando, como hago con ese pequeño tesoro que es Bagatelas y Literatura y Sociedad de Hernando Téllez de quien acaba de reeditarse Nadar contra la corriente, otro ejemplo del talento de este intelectual, escritor y periodista que ahora releo, después de varios años de haber leído la primera edición.Seguiré tratando de hacer conocer lo bueno que va apareciendo en Colombia, como los magníficos volúmenes publicados por la Universidad Javeriana, el libro de Gilberto Loaiza Cano publicado por el Externado (Sociabilidad, Religión y Política en la definición de la nación) y las memorias del profesor Thomas van der Hammen (Una vida vivida) que aparece casi simultáneamente con el proyecto de urbanizar parte de la reserva que lleva su nombre.

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